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Y PISA nos pisó fuerte

Y tres. Con este artículo cierro la trilogía. Con él prometo no hablar durante algún tiempo ni de libros ni de animación a la lectura. Ya está bien, Sr. Munuera, ya está bien. Eso sí, ahora advierto: desde las altas esferas de esta Europa nuestra nos han llamado de todo menos bonicos. Y miren que no puedo aquí, en este medio, hacer uso del lenguaje procaz con el que de vez en cuando caracterizo mis escritos que sino… Aunque ya lo saben, ser procaz es como jugar con fuegos artificiales. Se ven y desaparecen en un santiamén; el ejemplo, esto: noshanllamadogilipollas y aquí no ha protestado ni Dios. Porque es verdad. Porque después del informe PISA, sólo nos queda llorar. Porque después de abrirlo por la página ¿ciento treinta y cuatro?, sólo nos queda seguir llorando. Porque después de leer el capítulo donde no se nos llama bonicos uno se convence de que en España ni Dios lee. Y nos lo tienen que decir con un informe. Y claro, si ni Dios lee, nosotros ¿qué vamos a comprender? Y si nosotros no leemos, ¿va a leer un zagal de 12 años que lo único que le interesa es sacarse la pelusilla del ombligo mientras le abre la cabeza al soldado del ejército enemigo en el videojuego “cómete los sesos”? o, ¿va a leer el zagal cuando su memoria está más que saturada con los nombres de los jugadores de la liga española, del Calcio, de la Premier y de la liga de fútbol que se organiza en el  campillo donde va un día sí y otro también a jugar al “furbol”? ¿O va leer un zagal, o zagala narcotizada por los cincuenta bodrios televisivos que emiten semanalmente? Y si no lee el zagal, qué pollas va a comprender –como se diría en este rapituso Jaén-. ¿Qué solución nos queda? ¿Le cambiamos los padres al zagal? ¿Echamos al paro el ejército regular de holgazanes que hay en la enseñanza? ¿Cambiamos por decimonovena vez las leyes de educación? ¿Regalamos el viaje en autobús urbano al que suba con un libro? ¿Instituimos el día del cipote cultural? ¿Abrimos una librería junto a cada bar? ¿Le pedimos a la policía local que multe al que no se sepa la lista de los libros más vendidos de carrerilla? ¿Molemos a palos al que no se exprese con corrección? ¿Hacemos santo al lector diario? o le decimos que no malgaste el tiempo encadenando palabras. Y porque no hemos analizado los resultados de la prueba nacional que le hacen a nuestros alumnos detenidamente porque, en esta Andalucía del progreso –es un empeño erre que erre eso de la Andalucía del progreso-, somos también los últimos. Y parece que nos gusta porque no protesta, otra vez, lo siento, ¡ni Dios!

 

Y ahora la Navidad, dulce Navidad. Por eso gastamos más, porque no leemos; por eso nos atiborramos hasta…, porque no leemos; por eso los pobres de solemnidad, inmigrantes incluidos, -¿o son extranjeros?- sufren más: porque no leemos.  Mantecado y tocho best-seller bajo el brazo. Uso del libro como producto de consumo, no de alimento neuronal, virgencita, virgencita, que me quede como estoy. ¿Dónde hay que firmar?

Otro mes os cuento, otro mes os hablo de otro informe del Gremio de Editores de España y lo cruzo, para creérmelo, con el del Instituto Nacional de Estadística. Ahí “sus” vais a asustar, de verdad. Pero otro mes, otro, otro mes.

 

Bernardo Munuera Montero

blumm217@yahoo.es

Publicado el miércoles 26 de diciembre de 2007 en Diario JAÉN

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Morituri te salutant

Quizás sea demasiado catastrofista el título que he elegido para el artículo pero en la balanza mi pesimismo pesa tres quintales, no lo voy a negar, no. Quizás esté de moda hablar del tiempo, del cambio climático y de las golosinas pero a poco que piense uno, el argumento se desmonta. La moda sin rebajas, ¿qué moda es? Sólo sé y creo, a pie juntillas, que no hay moda que valga. Las rebajas hoy, no están sobre la mesa.

Ocurre con demasiada frecuencia que somos animales racionales mientras estamos dormidos, arropados con manta y calor. De día los fenómenos de mutación neuronal son más visibles y los fallos de racionalidad son más palpables. El hombre suele tomar demasiadas decisiones irracionales a lo largo del día, muy peregrinas para nuestra especie; somos así, sí, somos así pero se toman sin procesar las consecuencias que pueden acarrear.

A estas alturas del cuento, el lobo acecha escondido a dos metros de distancia, pero no nos terminamos de creer que esté acechando ni que esté escondido pero está ahí. ¿No ven su pata enharinada? Pero no, aquí en el planeta Tierra son siempre los mismos, los ecologistas y esa pandilla de tarados conscientes del problema, los que un día sí y otro también, se preocupan con celo de la situación por la defensa y subsistencia del planeta Tierra. Los otros, esos otros, iletrados consumistas de raciocinio soso, con dos miligramos de sustancia gris, tienen su inmediato y principal objetivo en un plato, en una aspiración personal o en una bolsa de golosinas porque quizás, hay que comprenderlos, no se les pueda pedir más que esa mediocre y estandarizada visión a corto plazo, tan corta, tan corta que bien parece una apea para maniatar caballos. Suelen ser no lectores, sí, no lectores porque el lector, por poco que lea, piensa, de eso estoy muy, muy seguro. Cualquier otra actividad para procesar información es proclive a la manipulación, lo digo yo. Fíense de su propio poder crítico, de sus propias conclusiones y trabajen su raciocinio a través de los informes que están apareciendo en las últimas semanas sobre la situación climática. El paisaje habitable se desvanece. Los que no se alarman, todos esos que se excusan en proferir patochadas como que no es necesario ser condescendientes con la tierra que los alimenta, alardean de una irracionalidad que asusta. Pero tienen un problema, Houston, esos gachones tienen un gran problema. Lo peor de todo, sí, lo más lamentable de la situación es que su actitud repercute directamente sobre los que sí están concienciados, despolitizados.

Hay que empezar a partir ramales porque el deterioro ecológico nos empieza a ser tan familiar que lo que sucede es que nos hemos acostumbrando a él y a estas alturas no discernimos su magnitud acumulada. Los expertos lo llaman amnesia del paisaje. El deslustre de nuestros paisajes es tan paulatino que, como afirma el filósofo Juan Antonio Rivera, la lozanía medioambiental pasará inadvertida para quien, por haber estado envuelto por el paisaje año tras año, tiende a comparar el aspecto de éste con el que tenía el año anterior.

Sin golosinas comiencen a leer Colapso de Jared Diamond. Piensen, no se asusten.

Artículo publicado el día 21 de febrero de 2007 en DIARIO JAÉN.
Bernardo Munuera Montero.

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De oficio, jamoneros

Ahora el lamento. Lloros compungidos por la certera pedrada, por aquella navaja afilada que además de cortar jamón descerrajaba como un revólver, que rajaba a su vez al viento, al viento de la palabra, por aquella razón embadurnada de sangre caliente que se queda fría y que bajo tierra, aunque su cuerpo amante esté, nos escribirá, como el poeta, como Hernández. El odio, el desamor, ese aquí te pillo, aquí te mato, en su sentido, en el sentido más literal de la expresión: el sinsentido de la irreflexión. Las lágrimas se secan y la mejilla escuece. Y mientras nos sobreponemos a ese escozor todo vuelve a su cauce, a su costumbre, a su estar ahí donde siempre tuvo que estar, en la ignorancia que reverencia la estulticia. Las entendederas se relajan y queda manida la expresión, el lamento: ¡oh, oh, qué desgracia, ¿a dónde vamos a llegar? Toca acobardarse y tener la desfachatez de catalogar la información como quincalla informativa, execrada y defecada sin esfuerzo. Tiramos de la cadena y se mira hacia otro lado y comprobamos con la palma de la mano que quién sigue allí, caliente y con cobijo, es el mismo de siempre, el nuestro, el mío, mi ombligo, mi círculo sensual, mi todo, mi tesoro.
Estas letras están destinadas a esa minoría que cree que el mal tiempo proviene de los malos pensamientos de unos desdichados ebrios y locuaces y que son éstos los que deben asumir su culpa. No hablo de dioses sino del oficio postmoderno de este siglo: ser político y no hacer nada práctico.
Podría hablar ahora de otros tantos oficios postmodernos pero menos remunerados aunque no por eso menos importantes. El grado de postmodernidad varía y, varía dependiendo de cómo se tenga el ombligo, si con restos de cordón umbilical o por el contrario, profundo, bello y maquillado. Ese padre que no ve a su hijo en todo el día por asuntos de ombligo y trabajo; ese hijo que empieza el día desayunando solo y que una vez acabada su jornada “educativa”, o se planta en la calle, o se funde con el start de su consola hasta que papá llega con sudor en la frente y un cacho más de materialismo bajo el brazo para cenar, gritar y acostarse. Quizás y con suerte, mamá esté ahí pero… A las madres se las suele torear bien a esas edades, es así. Mi niño es listísimo, buenísimo y amabilísimo. Eso sí, me tiene acojonada y si no interviene mi marido ya hemos echado el día.
Hablar hoy de una parte del profesorado de este país me va a costar. No lo voy a hacer, me voy a callar porque no soporto bien su narcisismo psíquico-intelectual. Lo reconozco, me puede, me sonroja. Padres y profesores en este tiempo están federados en el arte y noble deporte del Ping-Pong. Mientras, unos adolescentes y no tan adolescentes, se divierten jugando con cuchillos jamoneros al escondite en la calle, como debe ser. Sí, estamos en la postmodernidad, qué queremos, ¿ver a caperucita roja dando saltitos?
Aquí se demanda más neurona, más cordura y menos televisión. Si tienen a mano un libro, mejor. Mezclen y podrán beber un cóctel apto para inteligentes. Aspirar en la vida a algo más que a un Ferrari debe ser fácil, digo yo. Empecemos el trabajo de campo en Alcorcón, está cerca.
Goethe lo decía más finamente: la chusma no teme a nada más que al entendimiento.

Publicado el 24 de enero de 2007 en Diario JAÉN. Bernardo Munuera Montero.

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Billar y carambola, Mozart.

Cuando era aún un zagal imberbe no tenía a Mozart entre mis músicos favoritos. Sí a Schubert, sí a Schumman, sí a Chopin, sí a Debussy. Es más, tenía recortados y grapados en la pared –como evidente ejemplo de chapuza preadolescente, de prezagal- a todos estos músicos. Aún recuerdo la barba cónica y cochambrosa que lucía Debussy. Pero siempre ocurre, lo que no se conoce, no se ama; es imposible. A pesar de haber cursado hasta quinto de Solfeo y cuarto de Piano en el Conservatorio situado por aquel entonces en la Calle Obispo González, lugar donde ahora recauda euros puros este Ayuntamiento saneado, yo no tenía considerado a Mozart como sublime músico. Y puede parecer un sacrilegio para un estudiante de piano: ni me sonaba. Es verdad que tenía diez, once años a lo sumo. Y puede que esta fuera una de las razones que causaron el abandono de mi mediocre carrera musical: por un lado, no conocer ni la música ni la faz de Wolfang Amadeus y por otro, la metodología que se aplicaba por aquel entonces para enseñar corcheas y fusas. Ahora, ayer, hace dos días, en La 2, cadena de televisión pública, emitieron un reportaje modelo acerca de la influencia de la música clásica en nuestras vidas y claro, Mozart comenzó la corrida y mató todos los toros. Salió en hombros. Pero estaba muerto. No su legado, no su expresión artística que pervive aún con nosotros y de qué manera. No creo que sea moda. ¿Y si lo es? Pues que de aquí a unos años, resaltarán la genialidad de Beethoven, que para mí, es superior a la de Mozart; pero de esto, que discutan los entendidos, yo me limito a escucharlos. No quiero dejar pasar en este artículo uno de los datos que expusieron. En un principio me acordé de Paul Newman y Robert Redford en la película de El Golpe pero no, volvían a hablar de Wolfang ¡Cómo jugaba al billar! Y si había algo asombroso por lo que se podían caracterizar sus composiciones era la capacidad que tenían de dominar el caos con orden y la aplicación de la lógica espacial –usada en el billar- para cada una de sus obras. A mi me costaba creer todo lo que oía pero la reflexión lo cotejaba; sí, no existía discordancia alguna que pudiese enfrentar una característica con la otra.
Y ¿Pourquoi Mozart? –como preguntarían los belgas- Porque podría haberse convertido también en estandarte del Consejo Audivisual de Andalucía en su campaña para la movilización de los medios audiovisuales a favor de la lectura y de la cultura del libro. Pero bueno, tampoco han seleccionado a Miguel de Cervantes, ni a Álvaro Pombo, ni a José Antonio Marina y menos a Martín Garzo para tal menester. Pero el asunto claro: si ya es placer terrenal –cuasi celestial- reposar y pensar mientras nos dedicamos a la leer un libro –no tiene porqué ser bueno, el caso es leer y pensar-; mientras sudamos para inculcar este neuronal hábito a todos los componentes de la quinta del botellón, ¿por qué no se ha aprovechado este affaire hacia la lectura para potenciar el descubrimiento de las mejores piezas musicales clásicas? Quizás porque desconocen que la mejor música de Freddy Mercury estaba construida sobre las más excitantes composiciones clásicas.

b. m. montero.
Publicado en Diario Jaén. 14 junio 2006

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Tirajitos, tirajitos

Siempre me acercaba a las lumbres de San Antón con la curiosidad del niño fascinado, del adolescente embelasado por el reflejo del fuego sobre el rostro moreno de los gitanos de la Magdalena. Aquélla era la noche en la que los ojos de un payo como yo se recreaban en las chispas de la hoguera del barrio donde vivía y que fugaces, escapaban hasta difuminarse entre las estrellas frías del firmamento. Mis ojos volvían siervos de algún extraño encanto a la hoguera, no sin antes recrearse en la belleza de clase, en la racial belleza de los ojos gitanos de mil gitanas que canturreaban junto al fuego. Aquellas lumbres no pueden asemejarse a las de ahora, lo siento, ni mucho menos; Jaén ahora no es así.

Jaén es otro, Jaén es una ciudad de tirajitos abandonados entre esquinas y rincones, entre calles y avenidas, entre socavones y traspiés, entre jardines y junglas, entre el desgobierno y la incuria que provoca la tibieza de este Ayuntamiento. Jaén es otro, Jaén está destartalado. A los zagales licenciados en el arte del lumbreo, se les olvidó arrastrar miles de carretones repletos de tirajitos urbanos, con kilos e ideas derrochadas y abandonadas en el papel burocrático y en el deseo que todo euro imprime a quien lo posee. Jaén no se embaldosa cada cuatro años, no, Jaén se ha de mantener día a día y fiestas de guardar; Jaén no se limpia cada cuatro años, no, Jaén se debe lavar la cara todos los días. Jaén no es una ciudad fantasma y es pertinente invertir en ella con agudeza y más inteligencia. Lástima que las ideas geniales procedan siempre de los artistas que viven en calles sin genio y no de los hombres grises que gobiernan este Ayuntamiento porque no son artistas, porque es evidente. El aburguesamiento merma lucidez y la genialidad será ente imposible. Jaén debiera ser otra pero Jaén no es otra. Jaén no tiene ojos de ramera pero vive de día y vive de noche. Jaén no lo soporta, Jaén no alienta más este debiera, Jaén no vive en el subjuntivo del deber, Jaén no es un debiera ser. Jaén vive en indicativo, en presente del indicativo y le gustaría, como a toda ciudad, presumir de historia, de calles, de gentes y que sus monumentos tengan la cama hecha para cuando llegue la noche y descansar. Un monumento sin entorno limpio y acicalado, es un montón de piedras desubicadas, que viven en la ucronía del debería pero sin deber, con los churretes negros, resecos por el paso del tiempo. Jaén, con dolor, se ha convertido en tirajito presto a ser arrojado a la próxima lumbre de San Antón.

Lumbres anuales y elecciones cada cuatro. Tapar a suertes los tirajitos de nuestras calles y conseguir que la ilusión del ciudadano se mantenga en ascuas es un arte de birlibirloque. El jiennense se rebelará antes, después o ahora. Abogo por el ahora y el cómo: que ardan los tirajitos de Jaén y se redescubra la belleza escondida de sus calles, del fuego y de la infancia.

Diario Jaén. Enero 2005
b. m. montero

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Musas, me confieso

Mi labor como articulista en este diario empezó en 1991 con un artículo sobre la nueva biblioteca de la Universidad de Jaén. Han pasado veranos. No se fíen de mi memoria porque ahora recuerdo que el tema versó sobre lo nefasto que era para el conocimiento histórico el quehacer positivista de algunos historiadores de pacotilla que sólo se dedicaban a describir las guerritas que nuestros antepasados se dispensaban y a enumerar con una simpleza pasmosa que el coronel Furriel era el que conquistó las cuatro piedras de la ciudad encantada. Si eso era quehacer histórico me bajo del tren del conocimiento científico. Aquéllos eran los historiadores que en su día bauticé como los trivialpursuitas. Aquí en Jaén hay alguno, por desgracia.

No crean ustedes que escribir un artículo de periodicidad mensual en este diario no cuesta nada. Hay que empezar con requisitos, unos mínimos preestablecidos que podrían resumirse en: tratar un tema que haya sobrevivido a la actualidad y que éste no haya sido manoseado por tres compañeros de columna en días anteriores. Quizás reste añadir un apunte más: que roce alguna esquina de la idiosincrasia de esta provincia y de su capital. Versar sin verso sobre Jaén.

El artículo queda escrito en la madrugada del lunes al martes de la semana en que es publicado. Su redacción es el mejor aliciente que tiene ese lunes y empiezo a confesarme. Porque sé que a algunos de mis lectores puede interesarles, hoy escribo acerca de esta labor. Es una forma de aproximación a tu lector. Mostrar un cacho de intimidad en este aspecto y ofrecérselo a quien te lee es también una manera de recortar la inimaginable distancia entre el texto, el lector y su autor. Y además revelo que la razón del contenido del artículo de hoy es saciar la curiosidad de algún lector amigo que no contento con dirimir el significado de algunos de mis textos, lo siento, le place además conocer los intríngulis de mi trabajo como escritor de columna periodística. Como no cuesta nada, también es gratis, tengo que desvelar que las musas que acompañan a todo escritor siempre han huido cuando me he puesto a escribir. Pienso que la razón es sencilla; nunca he creído en ellas pero hoy, me han servido como apaño y excusa. Y la razón de esta explicación cuasi-existencial se debe a que en contadas ocasiones, como la de hoy, escribir un artículo puede ser un duro trabajo, intelectual, apostillarían otros. Este lunes me ha costado sentarme delante del portátil porque no conseguía vislumbrar ni a lo lejos, el tema, ni el contenido, ni la forma, ni el qué decir, ni el cómo decirlo y he estado en coma neuronal y con aguda frustración temática. Todo momentáneo. Y escribo momentáneo porque sé que detrás del ficticio folio en blanco que te ofrece el Word está tu artículo esperando que lo descubras, lo desnudes y lo escribas. Y aquí lo tienen ustedes. Antes de dejarles les desvelo un par de secretos: mi primer lector no es tal sino que es lectora: Luisa. El segundo secreto: tendría a las musas enamoradas si en vez de un artículo mensual pudiese escribir con una periodicidad mayor. Pero no saben ustedes lo cotizado que está el Diario Jaén.

B.M.Montero.
Diario Jaén 22 de marzo de 2006

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Un blog para lo público

Pues vualá. Ya está el blog hecho. Cada día se tarda menos en hacer uno. La razón de su creación: la de ir subiendo algún texto y artículo publicado, los más, la verdad, y alguno que otro aún no publicado; también la de complacer a algún que otro lector y a alguna que otra lectora. Esta razón es preferente.
Bienvenidos.

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