Estoy de vacaciones, como media España. Les cuento. Hay algo que pienso con frecuencia y es lo dichosos que seríamos los españoles si nos redujeran las horas semanales de trabajo. El español tendría oportunidad de reconstruir sus ilusiones y recuperaría la confianza en su futuro más inmediato. No, no se trata de algo surrealista. Trabajaríamos más contentos y disfrutaríamos en la vida de las cosas que verdaderamente nos importan. Pero como ni soy ministro de Economía ni me llama la atención aspirar a serlo, pienso que es preferible ahora, cambiar de tema. Antes, una puntualización. No estamos en crisis. Eso es una falaz invención. Estamos en apuros, en serios apuros. La culpa no la tiene la crisis sino la hipercrisis. Crisis, ¿qué crisis?
Estoy de vacaciones y no quería hablar de crisis. Ha sido un punto de contemporaneidad que le he dado al artículo. El mundo ya sabe que España está en crisis, mi sobrina sabe que estamos en apuros y mi suegra también -ha cambiado tres veces de calculadora-. Todos sabemos que estamos en crisis. Vale, ya está. Dejemos que el tema fluya y se desparrame. Traía en mente otro asunto y aunque nadie lea este artículo hoy, porque estamos en crisis y estamos de vacaciones, sólo iba a recomendar qué se puede hacer en agosto en Jaén estando en crisis. Pero ojo, ni voy a enumerar las actividades que tiene el Ayuntamiento programadas para sus ciudadanos, ni les voy a recomendar que se dirijan a la Oficina de Turismo para que allí les recomienden por dónde han de pasear a su sombra. Hablando de Roma, señores poderosos, la Oficina de Turismo hay que buscarle otro lugar. La ubicación es pésima, el local por fuera está mugriento, eso sí, reconozco que dentro hace un fresquito que… Lo único para lo que sirve la Oficina de Turismo es para ligar con la chica que informa: “lo siento, señores turistas, el lagarto de Jaén está retozando bajo un olivo virgen extra. No se le puede molestar. Vuélvanse ustedes a la Catedral, que está más fresquita”. Y tan pancha.
Dejo la crisis y dejo de entrometerme en asuntos que me incumben como ciudadano que soy. Quería hablar desde un principio en este artículo de la Biblioteca Provincial. Quería hablar de su letra ñ de casi tres metros con la que han decorado la entrada. Estoy de vacaciones, por si aún no les ha quedado claro y reconozco que disfruto, en mi tiempo de ocio y ocio, con la visita a la Biblioteca Provincial.Tengo que reconocer que como jiennense me enorgullezco de la Biblioteca que nos han colocado ahí, con toda su letra ñ y todos sus fondos. Ya reformada. Era hora. Es además un lugar donde ahora, en vacaciones, puedo ir con mi hija de 4 años a disfrutar de la sala a la que yo iba cuando tenía seis, siete años. Qué nostalgia. Y durante horas, y fresquito, y saboreando la umbría de esa sala, la infantil. Por mi trabajo la frecuento durante todo el año pero es ahora cuando verdaderamente la disfruto. Es más, me gusta hacer proselitismo y son tres los familiares que han solicitado el carnet de préstamo que les va a posibilitar en agosto, en Jaén y en crisis redescubrir el fasciante mundo del libro y la cultura audiovisual. ¿A qué esperan? No cierran, están de nueve a nueve.
Bernardo Munuera Montero.
Artículo publicado el 6 de agosto en Diario JAÉN.

