El mundo del escritor de Florin Mihai.
Tabarovsky piensa desde la literatura o eso dice que hace en uno de sus últimos artículos publicados en Quimera, la revista de literatura para gente inteligente. Concretamente en el número 307, página 11.
Uno: admiro a Tabarovsky porque es el autor de Autobiografía Médica. No es libro de playa, sino de literatura. Advertidos quedan.
Dos: admiro a Tabarovsky porque despilfarra a espuertas tanto sentido común literario en los artículos que escribe para Quimera que… Insisto, Quimera es la revista de literatura más inteligente que la gente puede leer. En subjuntivo: que pueda leer. Yo sé que la lees a escondidas porque yo sé que tú eres inteligente, como él.
En el artículo titulado La repetición, Damián Tabarovsky revela uno de los trucos usados por Kafka y Flaubert para crear literatura: la repetición. Ambos arrancan de Sade; primero Flaubert, después Kafka desde Flaubert y así, como con las mismas obsesiones que tuvieron Hansel y Gretel, Flaubert escribe Bouvard et Pécuchet y Kafka El Castillo. Así jugaban y qué bien lo hicieron. Trabajaron desde la normalidad de la repetición, desde el tartamudeo literario. La normalidad que trastabilla las tramas y las deja inconclusas (no inconcusas -errata, chicos de Quimera-, como puede leerse en el artículo original. Existe la palabra inconcusa pero no es parte del puzzle del artículo de Damián, creo).
El resultado no importa, escribe Tabarovsky. Lo que deslumbra es el proceso kafkiano, el proceso flaubertiano de creación artística del que se obtienen novelas que no se resuelven, que no concluyen, que hacen del desplazamiento del sentido su sistema lógico. Sí, lleva razón. Está todo inventado, como atisba Ferdinand Jacquemort en los comentarios del post anterior.
Finalizas la lectura del artículo y comprendes la cita que Tabarovsky ha querido que rumiásemos desde el principio. Son palabras de Theodor Uvedoble Adorno:
“Tanto más libre será un autor, cuanto más estrecho sea el contacto con su material”.