
Este blog traducido a Word supera ya las veinte páginas. Me alegra. Me felicito por ello.
¿De qué se hace la puta vieja? ¡De una puta moza!, diría Cunqueiro. Hace pocos días acabé La bella del Dragón. De amores, sabores y fornicios que es de donde he extraído la cita. El comentario del libro está aquí. Qué feo esto del autobombo, joder, pero me da igual.
¿De qué se hace la puta vieja? ¿De qué se hace el editor?
Llevo unos días planteándome la cuestión. Hacer que sobreviva un proyecto editorial no sólo es cuestión de euros. Si por euros fuese, hasta los delfines editarían. O los cerdos, o los buitres. O tú, que lees estas líneas.
Concluyo en un par de meses un Máster en Edición. Allí nos han marcado el camino ortodoxo, las claves para no desentonar demasiado cuando vayamos como mercaderes por el desierto editorial. Al principio será un desierto. En el principio Dios hizo, ¿qué hizo Dios? ¿El libro? Un editor sabe que lo primero que hizo Dios fue un libro, aunque fuese de instrucciones.
Dios no debe leer libros. Ni los edita, ni los evalúa, ni los arroja al infierno. Dios crea libros.
Ahora todo el mundo quiere triunfar en tres coma diecisiete milésimas de segundo en el mundo editorial: autores, editores, críticos, autores, editores, críticos, cebollos, cebollas y cebollones. La selva de novedades es hartiza. Yo, con vuestro permiso lo voy a decir así: estoy hasta los cojones de las novedades editoriales. Este año reduciré considerablemente la lectura de novedades que siempre están pidiendo con la boca abierta bocadillos de tu tiempo con trocitos de atún. Las novedades lloran y no siento ninguna compasión por los llorones. Una novedad es desagradable, una novedad mal anunciada es un anzuelo que para el pez listo suele considerarse frugal. No generalizo. Lo subrayo: no generalizo. La novedad mal enfocada es vomitiva. A mí me pasa, lo cual no significa que le pase a los demás. Ley de Blumm, por ejemplo.
¿A dónde voy ahora con mi máster en Edición? ¿Qué me aconsejáis que haga con él? ¿Monto una editorial? ¿Buceo en los departamentos editoriales pidiendo un trozo de pan como editor externo? ¿Me meto a corrector ácido? ¿A lector hideputa? ¿Sigo con mi insulso trabajo? ¿Me hago valer?
Ahora, lo sé, soy puta moza y me gustaría ser puta vieja ya pero me tienen que follar mucho para que -héte aquí perífrasis verbal- pueda llegar a decir: “Nin se sabe”, nene, “nin se sabe”.
PD: Por cierto, Volti, te debo un cafe. Y me llevas dos relatos, ¿vale?






