bernard louis

Archivo de Enero 2009

Nin se sabe, nene.

In Cunqueiro on Enero 31, 2009 at 00:07


Este blog traducido a Word supera ya las veinte páginas. Me alegra. Me felicito por ello.
¿De qué se hace la puta vieja? ¡De una puta moza!, diría Cunqueiro. Hace pocos días acabé La bella del Dragón. De amores, sabores y fornicios que es de donde he extraído la cita. El comentario del libro está aquí. Qué feo esto del autobombo, joder, pero me da igual.

¿De qué se hace la puta vieja? ¿De qué se hace el editor?

Llevo unos días planteándome la cuestión. Hacer que sobreviva un proyecto editorial no sólo es cuestión de euros. Si por euros fuese, hasta los delfines editarían. O los cerdos, o los buitres. O tú, que lees estas líneas.

Concluyo en un par de meses un Máster en Edición. Allí nos han marcado el camino ortodoxo, las claves para no desentonar demasiado cuando vayamos como mercaderes por el desierto editorial. Al principio será un desierto. En el principio Dios hizo, ¿qué hizo Dios? ¿El libro? Un editor sabe que lo primero que hizo Dios fue un libro, aunque fuese de instrucciones.

Dios no debe leer libros. Ni los edita, ni los evalúa, ni los arroja al infierno. Dios crea libros.
Ahora todo el mundo quiere triunfar en tres coma diecisiete milésimas de segundo en el mundo editorial: autores, editores, críticos, autores, editores, críticos, cebollos, cebollas y cebollones. La selva de novedades es hartiza. Yo, con vuestro permiso lo voy a decir así: estoy hasta los cojones de las novedades editoriales. Este año reduciré considerablemente la lectura de novedades que siempre están pidiendo con la boca abierta bocadillos de tu tiempo con trocitos de atún. Las novedades lloran y no siento ninguna compasión por los llorones. Una novedad es desagradable, una novedad mal anunciada es un anzuelo que para el pez listo suele considerarse frugal. No generalizo. Lo subrayo: no generalizo. La novedad mal enfocada es vomitiva. A mí me pasa, lo cual no significa que le pase a los demás. Ley de Blumm, por ejemplo.

¿A dónde voy ahora con mi máster en Edición? ¿Qué me aconsejáis que haga con él? ¿Monto una editorial? ¿Buceo en los departamentos editoriales pidiendo un trozo de pan como editor externo? ¿Me meto a corrector ácido? ¿A lector hideputa? ¿Sigo con mi insulso trabajo? ¿Me hago valer?

Ahora, lo sé, soy puta moza y me gustaría ser puta vieja ya pero me tienen que follar mucho para que -héte aquí perífrasis verbal- pueda llegar a decir: “Nin se sabe”, nene, “nin se sabe”.

PD: Por cierto, Volti, te debo un cafe. Y me llevas dos relatos, ¿vale?

Bértolo, Guardia Civil

In Bértolo, Hermano Cerdo, Periférica on Enero 25, 2009 at 00:56



No hay una lectura más verdadera que otra. Bértolo le cambia a la oración el tiempo verbal: “No habría una lectura más verdadera que otra”.

Me invento este post para conocer qué tipo de lector soy: si adolescente, inocente, sectario, letraherido, civil o crítico. Esta clasificación la establece Constantino Bértolo en su ensayo La cena de los notables (Periférica, 2008). Es un libro que, y lo reconozco, me está sorprendiendo. El comentario del mismo, y escribo comentario porque ya no me atrevo a tildar los textos que escribo sobre mis lecturas como reseñas o críticas, lo subiré a Leyente Cinzano cuando lo termine.

Me descarto como lector adolescente. Descartado también el lector inocente. ¿Lector sectario? Tampoco me he visto reflejado. Eso sí, pizcas de lector letraherido sí que tengo. Una desgracia porque no voy por el buen camino que me había marcado al iniciar mi andadura como lector y hacedor de libros.

¿Qué es un lector letraherido según Bértolo? Es aquel lector cuyo tipo de lectura está “caracterizada por una hipertrofia del elemento metaliterario en el proceso de lectura, lo que origina que el lector o lectora acentúe su atención y consideración sobre aquello que la narracción textual pone en relación con su conocimiento y entendimiento de lo literario”. Bértolo me dice: ¡tienes pizcas de visión formalista de la literatura! Y yo agacho la cabeza. Pero no lloro.

No soy lector civil, Dios me guarde. Lector crítico, algo, trazas, una veta deformada, sí, vale, pues venga. Es verdad, cuando hablo de mis lecturas de una manera más seria tiendo a escribir un discurso público sobre un texto público, como dice Bértolo. Tengo, sin yo saberlo hasta que lo he leído en el libro, una “responsabilidad pública”. Risas. Vale, ya está.

Bértolo al final me convence: “El crítico es un lector que se vigila, que vigila la lectura que está haciendo, o mejor, que se siente vigilado por lo público, por el bien común, pues sólo él legitima en última instancia el tomar la palabra frente al público”. (Yo sólo legitimo la educación de mis hijos)

El libro es libro de miga, de mil migas que juntas hacen una barra de pan que compras para comértela con el plato de lentejas y chorizo que tu mujer, como tu madre, te coloca ahí los lunes. (No sé cocinar ni voy a aprender). La contracubierta ya advertía: “Un libro para debatir. Un libro que dará que hablar”. Por una vez creo que estoy de acuerdo en lo que el editor de Periférica ha redactado como texto de contracubierta.

Ahora me voy a leer con detenimiento este otro post que esta tarde me ha dejado pelín noqueado mientras el Reader me lo servía caliente en mi Zarzamora. También pensaba así pero no sabía cómo expresarlo. Estos Hermanos Cerdos son oportunos, y buenos, joder.

Imagen de Chema Madoz. Cejas y Tiempo.

¡Qué asco!

In Babelia on Enero 20, 2009 at 14:55

Pena: dos meses sin comprar Babelia en papel. O no comprarlo nunca más. Todo está en la red.
Razón: Aquí

Imagen de Arturo Marín. A que este árbol va a ser de mentira.

Informe de lectura 2008

In Uncategorized on Enero 17, 2009 at 00:29

Para los curiosos, para los que leen, para los que quieren saber, para los que quieren aprender, para los que leen en la calle, para los que leen en el excusado, para los que leen en la cama, para los que no saben qué es leer, para todos, para todas, para los listos, para los tontos, para los bloggers, para los rancios, para los que tienen en síndrome hikikomori, para los kafkianos, para Jorge, Eva, Susie, Pili y Valentín, para mi hijo de siete meses, para mi hija de cinco años que ya sabe leer, para mi vecino del sexto, para mi vecina del quinto, para el universitario, para el zagal que no aprueba, para el que aprueba, para el que va a misa, para el que usa condón, para el obrero, para el escritor, para Vila-Matas, para Marías (lo leerá en papel), para Javier Avilés, para Martín Gómez, para Volti, para Tíscar, para NáuGrafo, para el que corre de manera perezosa, para mi Alegría de la Huerta, para Jaume, para las lectoras de Lengua de Trapo, para el Olmos, para Arnold Suachsenager, para 505, para mis nueve hermanos, para los que no ven la tele, para mi amigo Fabrellas, para el del Cimarrón -qué cabrón, qué novelón-, para el Alcalá, para los Cerdos de mis Hermanos (risas), para Hermano Cerdo, para el que considera que leer es una gilipollez, para el que considera que leer es sano, para el que sólo lee en Navidad con mantecado en mano, para el que sólo lee en la playa con el rabillo del ojo puesto en el cachete de la rusa, de la alemana, de la inglesa, de la morena de toda la vida, para Vicente Luis Mora, para Álvaro Pombo, para Leyente Cinzano, para los usuarios de biblioteca, para las usuarias de biblioteca con escote, para Obama, para Bush, para Rosa Díez, para mi blackberry, para el Impresentable, para Miranda y Sokolina, para mi amada Bámbola, para Yolanda, su amiga, para María Eugenia, para María Garabatos, para Shandy la gallega, para los niños de Babelia, para los de Quimera, para los de ABCD, los de Aceprensa y Letral, para todos aquellos que dicen que leer trae consecuencias, para los que tienen gatos en la barriga y uñas en los labios, para todos, joder, para todos, leed este informe que merece la pena:

Leer con escuadra y cartabón (y II)

In Uncategorized on Enero 15, 2009 at 23:49

Esta tarde había escrito casi tres páginas de post para completar esta segunda parte. Pero lo he quemado todo. Uso el verbo quemar porque eso ha sido lo que he hecho: ha ardido todo. Mañana, San Antón.

Desintegrado todo, he decidido que sólo voy a enumerar, y todo de memoria, cuáles son las fuentes que sacian mi sed lectora.

1º. Empecé a preocuparme por la elección de autores a leer cuando descubrí a Vila-Matas. Él fue quizás la primera persona que me hizo ver de una manera clarividente que no todo se podía leer y que era necesario, casi vital para un lector exigente, seleccionar autores y obras. Porque sólo hay una vida, sólo una. Una lástima. Las novelas de Enrique Vila-Matas han nutrido de autores muchos de mis cuadernos a los recurro todavía cuando visito la biblioteca o la librería para hacerme con algún nuevo título. Como Martín hace, de vez en cuando juego al tetris con ellos.

2º. Tijeretazos. Otra línea de referencia. Allí encontré a mucho autor bueno y desconocido hasta hace siete años por mí. Los conozco desde entonces y nunca me han defraudado. La selección de textos que realizan es, sin lugar a dudas, un anzuelo para que rescates al autor que ha sido esbozado con un fragmento.

3º. Revista de Libros y Quimera. Fundamentales. Constituyen una madeja, un cúmulo importante de referencias todas interesantes. Hay que seleccionar. Ambas, revistas referencia.

4º. Autores de editoriales independientes. La editorial independiente, ¡esa gran desconocida!, es la institución donde a fecha de hoy se está fabricando la mejor cosecha de libros de todos los tiempos (y creo que no exagero) editados en España. La edición independiente ha aprendido a destilar el mejor whisky para el lector. En un porcentaje muy, muy alto, tengo que afirmar que la mejor literatura la estoy encontrando en estas editoriales que el soso lector de navidad y de verano no conoce. Que se jodan, iba a escribir. Y lo he escrito. Me he cansado de las editoriales de toda la vida. Encontraba últimamente mucho garrafón. Compro algo de vez en cuando, leo algo necesario pero las evito porque el agua fresca y depurada está en estas otras editoriales a las que admiro. Quiero ser como ellos cuando sea mayor.

5º. Blogs que sólo hablen de libros desde la perspectiva de un cirujano de la literatura. Ahora recuerdo uno al azar, uno tremendamente profesional: El lamento de Portnoy. (A veces, cuando comenzaba a visitarlo, llegué a dudar de si el autor no era otro que el mismo Vila-Matas. No, no es Vila-Matas.) Vila-Matas debería tener un blog. Yo, como lector, se lo reclamo.

6º. Alguien que lee más de cien libros al año, merece ser escuchado con atención cuando te recomienda un título. Ese hombre no es ni más ni menos que El kafkiano. Aunque en su blog no hable de libros sabe mucho de libros. Por eso es editor, o co-editor, ¿verdad, J.? ¿Para cuándo un blog de libros, Kafkiano?

7º. Toda referencia señalada por un autor en alguna de sus obras, es considerada cosa y res (extensa e intensa) a cazar. El hecho y derecho de cita constituye en sí una referencia más de lectura. Anotada en el cuaderno constituye un ticket más para la biblioteca. Pero es necesaria la selección, vayamos a volvernos gilipollas.

8º. Existen más fuentes pero no me sirven como antes que andaba perdido: boletín de novedades de las editoriales independientes, pesca furtiva en librería y biblioteca (pescar a ver qué sale), recomendación de mi madre (que fue una empedernida lectora), Babelia, ABCD, Aceprensa, el escaparate del cristal roto de la librería de la esquina, de mi librería favorita… Ahora sé lo que quiero leer. Antes no, antes era un lector veleta. (La veleta era verde).

De esta serie se colige (qué verbo más técnico) que no todo lo que espero leer lo encuentro. Por este motivo no me quedará más opción que escribir aquello que no encuentro en los libros. Los libros escritos son como las huellas dactilares y por este motivo sé que lo que escriba me reconfortará como animal lector.

Esto es todo, amigos. Leed con razón, con escuadra y cartabón; pero leed. ¿Superman leía?

Imágenes de José Luis Álvarez, La fuente y de Andy Warhol, Superman.

Retomando la lectura de este blog

In Reflexión on Enero 14, 2009 at 22:32

Hoy pasaba de largo por una población cercana a Jaén, Bailén, donde existen muchas fábricas de cerámica y de tejas. Conducía y pensaba. Pensaba más que conducía.Tantas tejas como libros, pensaba. Y metía sexta. Mi coche tiene sexta. Me gusta meter la sexta para seguir pensando con tranquilidad. Me decía cuántas tejas destinadas a cubrir los techos de los edificios que están construyendo y que se van a construir. Tantas como libros hay editados en España, en Europa, quizás en el mundo, pensaba mi pensamiento. A los libros se les podría asociar algunas de las cualidades de las tejas. Los libros cubren de alguna manera también. ¿Qué cubre un libro? El libro cubre una desnudez, una vergüenza, una parte de nuestra ignorancia. Un laguna, un vacío. Suple, la lectura sacia esa sed extraña y suple. La lectura de un libro que te han recomendado puede ser el mejor remedio para combatir el pudor existencial. ¿Pudor existencial? Sí, pudor existencial. La gente exhibe su existencia y sus miserias sin advertir que a los demás nos molesta su falta de pudor. su falta de pudor existencial. Yo pienso que la gente deberia leer más para uno, tener conciencia de su idiotez y dos, para respetar a los demás. No tengo por qué verle los huevos a nadie así como tampoco tengo por qué tragar con la estulticia del que no sabe porque no quiere. Yo me estoy hartando de soportar al que no sabe. Era una bienaventuraza, creo, eso de enseñar al que no sabe. Yo enseño con gusto al que no sabe pero me repugna enseñar al que no quiere. Nadie tiene excusa. Los libros están ahí porque las bibliotecas públicas están abiertas ahora doce horas al día. Por lo menos aquí, en la ciudad en la que leo. La cerveza también está ahí pero no viene a cuento de nada. También está el cipote del cipote del presentador del último programa que tiene enganchado a la mitad de la población de España. Y la cipota de la cipota de la presentadora. Me desvío y me callo, joder.

La fuente de mis lecturas (I)

In Bruguera, Chandler, Lem on Enero 10, 2009 at 18:54



Ahora leo a Chandler. Esta tarde he comenzado su novela Una pareja de escritores. La novela no me ha costado nada, me ha salido gratis quiero decir, ya que el librero me la regaló. Buscaba otro título de Chandler pero hallé entre las estanterías y los bajos fondos (toda librería tiene un bajo fondo oculto) éste otro que desconocía. Empieza bien, muy bien. Un libro sé que me enganchará si en las diez primeras páginas el autor consigue introducir en el pensamiento la suficiente tinta que me permita concluirlo con éxito. Meter en los ojos (qué expresión tan burda pero lo escrito, escrito queda). Copio un pequeño fragmento de texto de la página 12: “Los escritores deben mirarse directamente a los ojos, y si no ven nada, deben decirlo”. Es magnífica.

Decía que me disponía a pagarla pero el librero me dijo que me la llevara sin hacer efecitvo su importe (475 pesetas) puesto que era un libro de saldo (Bruguera, 1983); fue entonces cuando comprendí por qué lo había encontrado entre aquellos estantes llenos de polvo y escondido bajo la mesa de los libros de ciencia ficción. Allí estaba, detrás de una cortina que recorría el perímetro del filo de la mesa. No sé cómo llegue allí porque no suelo leer ciencia ficción. Bueno, sólo a los mejores: Lem y Lem. Seguro que hay más que no he leído, muchos más.

Había comenzado a escribir este post para hablar justo de esto, del cómo llegamos a decidir los libros que vamos a leer. ¿Cuáles son mis fuentes de lectura? ¿Por qué descarto a unos y elijo a otros?

Hay que elegir. De eso no hay duda. Y hay que elegir bien. Tampoco dudo. El gusto, una referencia, una recomendación, un interés puntual, un estar en el excusado sin papel (doble interpretación). Los motivos que nos inclinan a elegir un libro u otro son miles. Pero se eligen, aún sin saber muy bien por qué el MOTIVO. Este motivo a veces resurge con sorpresa desde lo más recóndito de nuestra conciencia.

Y ahora lo pienso. ¿Cómo he llegado a Una pareja de escritores? Anoto lo que se me vaya ocurriendo para un próximo post. La impresión del libro podréis encontrarla de aquí a unos días en Leyente Cinzano. El otro blog.

Terrorismo editorial (y II y Salinger)

In Bolaño, Kafka, Salinger on Enero 2, 2009 at 00:08


He estrenado agenda Moleskine. La del año pasado voy a enviarla a un portal de autoedición. La de este año es roja. Y he escrito en la agenda Moleskine roja de 2009: “me voy a convertir en un escritor de la noche a la mañana”. Y claro, te ríes porque tú ya escribes pero no es ortodoxo denominarte escritor hasta que te publiquen algo. (Yo ya tengo “algo” editado pero no soy escritor, repito. Y porque te paga anualmente CEDRO). Te ríes porque es difícil, así de primeras, que te editen algo. Y si no, que se lo digan a Bolaño. Los hay más osados, como Salinger, que tienen dos pelotas -no he encontrado sinónimo para esta expresión- y se mantiene en sus trece: Salinger manteniédose en sus trece. Admiro a Salinger por lo que hace. Salinger es un personaje que tiene noventa y tantos años ( y ya van cuatro Salinger en menos de tres líneas). Salinger y ese artículo me han hecho reflexionar sobre el mundo editorial. He visto la luz con Salinger. Sí, la he visto. Un editor tiene que buscar estas actitudes en los escritores. Kakfa actuaba del mismo modo. Y digo del mismo modo porque su deseo era destruir todo lo que había escrito cuando muriera. Su amigo del alma no cumplió el testamento. ¡Bendito amigo! Ahora imagino el salón o la habitación donde Salinger lee, porque está vivo. Me la he imaginado repleta, abarratotada de libros autoeditados en portales como… (no digo nombres porque carezco del dinero necesario para defenderme). Salinger, para llegar a lo que ha sido como escritor y persona seguro que ha leído mucho. Pero no me imagino a Salinger leyendo libros de portales de autoedición, si soy sincero, es algo que quema mi imaginación. Yo he reflexionado hoy mucho con ese artículo. Apenas he leído a Salinger pero me ha dado argumento para escribir esta segunda parte. Y para leerle más. Hoy no esbozo argumentos. Hoy me vale el ejemplo imaginario de Salinger en su salón con los anaqueles de su librería abarrotados de libros de autores que se autoeditan. Yo quiero proponerles a los lectores que defienden este tipo de edición, que desmantelen sus librerías para dar cobijo, desde hoy y hasta que se mueran a libros autoeditados. No hay cojones. No, no hay. Y es lo que me pregunto, si son tan válidos como los que editan los editores que establecen un canon… ¿por qué no?

Imagen de Dellacroix y Dellfina. Mineko Iwasaki, geisha y escritora (Sí, si concuerda la imagen con el contenido de lo que he escrito hoy, digan lo que digan)