bernard louis

Archivo de Julio 2008

Libros JULIO 2008

In Acantilado, Anagrama, Buzzati, Chirbes, Debolsillo, Montero Glez, Monterroso, Schwob, Valdemar on Julio 29, 2008 at 23:37

No sé si será buena o mala costumbre, pero así, además de contabilizarlos en mis mil registros personales, dispondré siempre de los libros que he leído en el mes en cualquier sitio con conexión a internet. Con el tiempo me entretendré en buscar ese libro del que no me acuerdo y que lo leí, ¿cuándo lo leí?
Queda entonces inaugurada esta nueva costumbre, este nuevo tipo de entradas al blog, los libros leídos.

1. La palabra mágica de Augusto Monterroso, Anagrama, 1996.
2. El Colombre de Dino Buzzati, Acantilado, 2008.
3. Los disparos del cazador de Rafael Chirbes, Anagrama, 2003.
4. Manteca Colorá de Montero Glez, Debolsillo, 2007.
5. Vidas imaginarias y la cruzada de los niños de Marcel Schwob, Valdemar, 2003

Vista la lista y viendo de cuántos he hablado en el blog, sólo tengo una opción: escribir más sobre lo que leo. Elemental, querido Blumm

El colombre

In Acantilado, Buzzati, Montero Glez, Pirandello on Julio 26, 2008 at 21:35





Buzzati. Otro Pirandello. Forza Italia. Ya que no nos ganan al fútbol que sigan deslumbrándonos con sus escritores; y sus quilates.

El Colombre, otra joya más, esta vez editada por Acantilado en enero de este año. Gracias. Advierto ahora a los que sólo leen libros en verano: no, no es un libro para llevárselo a la playa y prostituirlo entre la arena, los bikinis y el tanga de tu vecina. Menos entre bocadillos de salchichón con mantequilla. Quien ose a hacerlo estará expuesto de por vida al Colombre del saco, al malo, al que no se refiere Dino. Advertidos quedáis. Haced el favor, dejad de leer, joder, dedicaros al onanismo que la vida y la playa os ofrece pero sin libros, no los martiricéis llevándolos al sol todos los años, sólo al sol, al tórrido sol. Reconozco que es vivir jodido, -esto de no leer nada o casi nada-, pero al fin y al cabo, viviréis. Os lo ruego, ahora os lo ruego, no os llevéis El Colombre a la arena de la playa porque el primer peligro que corréis es el de la insolación y el segundo, que los cuerpos barrigosos de España os miren descuajaringados.

Hacía tiempo, mucho tiempo que ningún libro me había provocado de manera tan repentina el sano vicio de escribir, como si esto fuese una consecuencia inevitable de su lectura. Sucedía así: después de terminar de leer un relato, mi mano derecha sólo se empecinaba en buscar una pluma para por lo menos, empezar algo como lo que había hecho Buzzati. Era como una acedía libresca, un asunto muy raro, la verdad. O como diría Montero Glez, el hijoeputa. Qué derroche de creatividad, qué suculencia, qué transporte gratuito hacia lo célico. Buzzati derrocha potestad narrativa y suspense narratorio, imaginación y realidad subvertida. Un autor que de un huevo provoca el escándalo en una ciudad y con un ascensor es capaz de bajar a los infiernos para que el protagonista se declare a la zagala que en tierra y a ras de los edificios de negocios es una simple Dulcinea del Toboso.

Ya está. Entre el último post y este he leído algún libro más pero tengo que reconocerlo, sólo tengo tiempo para hablar de los que mellan y se imprimen en algún lugar de mi memoria.

La sombra de la desidia, alargada

In Artículos on Julio 9, 2008 at 22:57

Ahora que uno va pegado a las fachadas lo único que procura es que su sombra no se proyecte ni por delante ni por detrás. Mi sombra está domesticada y conoce bien y cien caminos de vuelta. Se vuelve muda, se acobarda y soy el único que le da vela en los entierros. Cuando protesta y quiere resurgir le digo que lleva razón pero le sugiero que se calle, que oscura como es y plana como parece lo mejor que puede hacer es seguir obediente, callada y sumisa. Pero estas cualidades harían de ella una sombra ideal y no lo es, para qué engañarles. Mi sombra no está del todo domesticada y cuando la saco a pasear le dan como ramalazos. Empieza a bandear de un extremo a otro de la calle como si fuese una sombra epiléptica a la que le da un extraño in promptu.

Existen itinerarios en Jaén que es mejor evitar porque la desmelenan. Mi sombra siempre ha sido una sombra exquisita y se ha negado, desde que nació, a ir solapada a fachadas donde las disonancias de estructura, color e ingenio son tan estridentes que la fuerzan a cruzar de acera para convencerme a mí también de que sus aspavientos no son candongas. Viene a decirme que llevarla por ahí es entraparla y resignarla a la pringue espiritual. Las sombras en verano, también tienen alma.

Y mi sombra lleva razón. Esta sombra que hoy personifico lleva mucha razón. Entre cientos de ejemplos sólo algunos muy cercanos al Ayuntamiento. Unos soportales, los de la calle Campanas, deslustrados, porque alguien permite que nuevos negocios decoren su fachada con un gusto chino chillón, donde el amarillo fosforescente no va a suplir ni la falta de peculio del jiennense medio ni el ingreso de más clientes al negocio. Otra moda que mi sombra se afana en mostrarme ha sido el revoltijo de letreros: que si metracrilato barato sin luces de neón mezclado en altura y continuidad con escudos heráldicos centenarios, que si pantallas luminosas partidas con fluorescentes vistos y fundidos –la moda-; que si promiscuidad entre estilos, el renacentista y el del arte pop; que si graffiti rupestre, en definitiva, cacofonías visuales; qué digo, estridencias visuales para una ciudad que aspira a que su Catedral sea patrimonio de 6.500 millones de personas. Qué tontería, de verdad.

Y mi sombra pregunta: ¿quién regula en esta santa ciudad el ordenamiento de fachadas, letreros y colorines? ¿El concejal de cultura, el de urbanismo, el de la línea verde? Yo quiero que alguien me responda, por favor, por el bienestar de mi sombra.

Sigamos cerca, muy cerca del Ayuntamiento. No hay nada más que ver qué aspecto tiene la oficina de turismo de Jaén. Qué poderío de fachada, comida siempre de porquería, qué luz irradia desde el interior que parece que en vez de vender turismo están vendiendo sardinas; qué traslúcidos sus cristales, qué orgullosa opacidad. Cuántos pequeños detalles son los que deshacen la imagen de una ciudad. Hoy la sombra que muestra Jaén es la sombra de lo que puede ser y no quiere, o no se gestiona de manera adecuada para que sea. Jaén es un subjuntivo de ciudad. Para cuándo ese Jaén que hoy no es.

Se calla mi sombra pero demando respuesta. Tengo derecho, tenemos. Quiero que Jaén sea lo que quiero que sea. La sombra de la desidia es alargada, como la de un ciprés al revés.

Bernardo Luis Munuera Montero

Publicado el 9 de julio en Diario JAÉN.