Ofrecer un dos por uno en novias por correo me parece un asunto demasiado futurista aun en época de rebajas. Lo que no se especifica es si vienen con bragas o sin ellas. El ejemplo de anuncio lo he tomado prestado de un relato de Jeremy Robert Jonhson, La Liga de los Ceros, y me ha sobrecogido tanto que llevo unos días googleando para descubrir cómo pertenecer al club. Hasta ahora, sólo he descubierto un requisito: es necesario extraer el cerebro de la sesera para después conectarlo al cuerpo por conexión bluethooth o wi-fi. Lo que más me preocuparía sería el calentamiento que sufriría por la luz del flexo cuando me dispusiera a escribir algún relato, artículo o sandez. Él ahí, bajo mi flexo amarillo y expuesto a la caldeada brisa que el ventilador del portátil produce y mis manos, bailando sobre el teclado al son de un extraño ordeno y mando wifiano y ¿quién lo sabe?, bluethoothiano. Sería muy snob pertenecer a la Liga de los Ceros. Tú por un lado, y tu cerebro por otro, resguardado en una caja de titanio, o de platino, para los más pudientes.
Ahora mis lectores quieren saber cómo estoy. Bien, gracias.
Rescato el relato de Jonhson, que está a disposición de todos ustedes en la revista Quimera de este mes, porque cuando lo leí, politicé su enseñanza. Bueno, yo no politicé nada, sino que me vino a la mente una burda analogía con nuestro gobierno municipal. Dos novias por el precio de una y dos partidos por el reflejo de uno. Reflejo o praxis municipal aquí son sinónimos. Pero da igual, no se preocupen por eso, ahora que escribo como si ya perteneciese a esa liga esnóbica, me siento más ligero para pensar y escribir. A lo que iba, dos partidos y dos formas de gobernar: una misma praxis.
Ya han transcurrido siete meses desde que el PSOE e IU accedieron al gobierno de esta ciudad empinada y yo, que soy un ciudadano de a pie, que baja y sube cuestas, que suda la camiseta, tanto o más que el Pizarro, está más asustado que un zagal en la cueva de los cocos. Aquélla vez voté a un partido que no me dio tiempo a registrar. Una lástima porque hubiesen hablado de Jaén en toda España como ejemplo de ciudad a seguir, como ejemplo de municipalismo ejercido para y por el ciudadano de las camisetas sudadas.
Seré ciego y puede que también me hayan extraído el cerebro, pero como autor de este artículo denuncio: ¿dónde está el cambio en Jaén? Misma mierda en la calle, misma abulia, misma deserción en los barrios periféricos, mismos abandonos de parques y toboganes, cuidos que sólo se dispensan en lugares Very Important Person; misma falta de visión… y ¡sin árboles con la que está cayendo! Eso sí, macetones de olivo para el Teatro de la niña Leonor. Tema para otro artículo: olivos para teatros de infantas republicanas. Y qué me dicen del plantel de concejales, gerentes y directores de olivos que nos han autoimpuesto, incluidos los del PP. Me grapo laña a laña mi boca y me callo, y no pregunto, y me hago cero. Yo, que pertenezco a la Liga de los Ceros.
Diario Jaén, 23 de enero de 2008.