
Apollos de Maggy Milner
No hay tormenta de fondo, sólo en vuestra imaginación.
La noche mecida, quieta dos segundos. Grito desgarrado, ¿lo escuchas?
La noche habitaba la esquela que tu corazón había consentido. El entierro fue sanguinolento porque aun en estado cadavérico, podías comunicarte conmigo. Las palabras que te dirigí estaban vivas, savia viva que resucita a mequetrefes como tú, so muerto, y te inundé el corazón. Y siempre estás sordo durante el día. Muere con el día y vive en la noche porque tu naturaleza es esa y tus gritos sordos a cientos de tímpanos. Mírate al espejo desde la palabra antes escrita. ¿Cuál? Lee desde “las palabras” y contemplarás un hermoso espejo que divide este texto en un tú y en un yo, en un muerto y un vivo muerto. Estoy desayunando y leo en el periódico tu esquela y la mía. Deja, hoy invita mi sombra a este café solo y negro como tus entrañas. No tienes espalda, y sólo quería saludarte. Tu sombra te sustituye, entelequia.
® Bernardo Munuera Montero. Fragmento de Anotaciones