
Viñeta de Juan Carlos Contreras
Voy a hablar del jolgorio y escribir sobre las elecciones. Me dio el punto a pesar del hastío emocional que me provoca. Es un tema tan original que si no hablo de él parecerá que soy un auténtico lerdo político y no, no quiero que me tomen por un mequetrefe intelectual. Eso sí, advierto que no voy a revelar nada que no sepan ustedes. Sí, me considero un ateo político porque la política es como una diosa en elecciones y todos creemos en ella. ¡Pues yo no! A mí me exudan las neuronas un líquido de color apático y maloliente que un día me entretendré en analizar. Aquí no tengo espacio para exponer resultados y menos cansar al lector con mi propia y libérrima teoría política que no se amolda a día de hoy a ningún acrónimo desvencijado pero sí tengo los suficientes caracteres para exponer la vergüenza ajena que me invade cuando compruebo de lo que es capaz el vecino político del sexto en tiempo de elecciones. Porque son vecinos ¿no? ¿O están hechos de otra pasta? ¿O son más listos que el pueblo llano? o ¿era el pueblo empinado? Humanamente me cuesta entender al político en elecciones, créanlo. En tiempo de altavoces motorizados, los políticos parecen conos helados, de tantos gustos y sabores que parecen ofrecerse para eso, para que lo saboreemos, los chupeteemos y nos los traguemos; parece como si se dejasen prostituir porque transcurrido el tiempo del chupeteo, del lengüeteado y el hociqueado, nos quedamos, hagamos lo que hagamos, con la misma galleta de siempre: tiesa, insípida y ahogadiza. Eso sí, juegas con el conito final que te queda en la boca pero terminas bebiendo agua, mucha agua. Es inútil elegir el de Tutti-frutti o el de Philadelphia porque para que el chupeteo sacie nuestra hambre política ¿es importante el sabor elegido? Es el tiempo electoral un tiempo donde el payaso queda denigrado –mi amigo, el payaso Nicolás, se queda en paro en elecciones-. Es el tiempo donde se cocinan paellas negras, hechas con tinta de calamar y en las que por más que nos empeñemos nos resultará muy difícil encontrar arroz limpio. Es así, no me gusta mentir. Entre tanta ideología de tropiezo, entre tanta ideología profesada para asegurar pensiones, entre tanta ideología a expensas del enriquecimiento personal a mí no me queda más opción que ser un ateo convencido, un apático sin remedio y un ciudadano de ideal político rasurado. Al PSOE le sigue sobrando la O que era la artífice del riego por goteo que tenía la rosa roja que se constituía a su vez en el molde del genuino espíritu socialista. Al PP le sucede otro tanto. Va siendo hora de que sustituya la segunda consonante de su acrónimo porque a estas alturas del cuento, ni el color naranja que ha adoptado recientemente le sirve ya para conseguir nuevos prosélitos. Eso sí, cuenta con cachorros que maman ideología de cartilla que es la más fácil de digerir. IU sólo mantiene el rojo de su logotipo, eso sí, un rojo de gama alta, pero que me da a mí que está poco sentido y profesado ante la verdadera realidad social. La verdadera, no la utópica. El PA sigue contando lobitos con la mano expandida de su logo y del PSA, no sé, se me antoja extraño otro partido que en teoría defiende lo mismo que el PSOE y que IU. Pero como soy cívico, votaré.
Publicado el 16 de mayo de 2007 en Diario JAÉN.
Bernardo Munuera Montero
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