Archivo paraFebrero, 2007

Morituri te salutant

Quizás sea demasiado catastrofista el título que he elegido para el artículo pero en la balanza mi pesimismo pesa tres quintales, no lo voy a negar, no. Quizás esté de moda hablar del tiempo, del cambio climático y de las golosinas pero a poco que piense uno, el argumento se desmonta. La moda sin rebajas, ¿qué moda es? Sólo sé y creo, a pie juntillas, que no hay moda que valga. Las rebajas hoy, no están sobre la mesa.

Ocurre con demasiada frecuencia que somos animales racionales mientras estamos dormidos, arropados con manta y calor. De día los fenómenos de mutación neuronal son más visibles y los fallos de racionalidad son más palpables. El hombre suele tomar demasiadas decisiones irracionales a lo largo del día, muy peregrinas para nuestra especie; somos así, sí, somos así pero se toman sin procesar las consecuencias que pueden acarrear.

A estas alturas del cuento, el lobo acecha escondido a dos metros de distancia, pero no nos terminamos de creer que esté acechando ni que esté escondido pero está ahí. ¿No ven su pata enharinada? Pero no, aquí en el planeta Tierra son siempre los mismos, los ecologistas y esa pandilla de tarados conscientes del problema, los que un día sí y otro también, se preocupan con celo de la situación por la defensa y subsistencia del planeta Tierra. Los otros, esos otros, iletrados consumistas de raciocinio soso, con dos miligramos de sustancia gris, tienen su inmediato y principal objetivo en un plato, en una aspiración personal o en una bolsa de golosinas porque quizás, hay que comprenderlos, no se les pueda pedir más que esa mediocre y estandarizada visión a corto plazo, tan corta, tan corta que bien parece una apea para maniatar caballos. Suelen ser no lectores, sí, no lectores porque el lector, por poco que lea, piensa, de eso estoy muy, muy seguro. Cualquier otra actividad para procesar información es proclive a la manipulación, lo digo yo. Fíense de su propio poder crítico, de sus propias conclusiones y trabajen su raciocinio a través de los informes que están apareciendo en las últimas semanas sobre la situación climática. El paisaje habitable se desvanece. Los que no se alarman, todos esos que se excusan en proferir patochadas como que no es necesario ser condescendientes con la tierra que los alimenta, alardean de una irracionalidad que asusta. Pero tienen un problema, Houston, esos gachones tienen un gran problema. Lo peor de todo, sí, lo más lamentable de la situación es que su actitud repercute directamente sobre los que sí están concienciados, despolitizados.

Hay que empezar a partir ramales porque el deterioro ecológico nos empieza a ser tan familiar que lo que sucede es que nos hemos acostumbrando a él y a estas alturas no discernimos su magnitud acumulada. Los expertos lo llaman amnesia del paisaje. El deslustre de nuestros paisajes es tan paulatino que, como afirma el filósofo Juan Antonio Rivera, la lozanía medioambiental pasará inadvertida para quien, por haber estado envuelto por el paisaje año tras año, tiende a comparar el aspecto de éste con el que tenía el año anterior.

Sin golosinas comiencen a leer Colapso de Jared Diamond. Piensen, no se asusten.

Artículo publicado el día 21 de febrero de 2007 en DIARIO JAÉN.
Bernardo Munuera Montero.

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