Archivo paraSeptiembre, 2006

Vivir engañado

Ayer me decía, de manera baladí, mientras preparaba un café cortado con dos gotas de leche, que alguien nos tenía engañados a mi mujer y a mí. No se trataba del gobierno de ZP; no, tampoco del Excelentísimo de Jaén y su cohorte concejil orgullosa, de banderas enarboladas, cantándose a sí mismos aquello del ché, que soy pepero, ché, de zapatero, ché de Saint Simon. A mi mujer y a mí, con banderitas ideológicas de juguete, de mentirijilla, de las que rezuman idearios de muro románico, austero, sin fondo, robusto pero inamovible, romo y pesado, embadajados a campanas que resuenan con el mismo tan-tan de siempre, el del odio, la mentira, la guerra, los tres tiros, la sangre caliente, la muerte. ¡Ay si los dejaran! Pero allí, allí apartados y que se maten solicos, como dice mi amigo Nicasio. Paro, freno, me callo.Engañados. Sí, como aquéllos que se creen que han venido al mundo para perder peso e incapaces de conseguirlo comienzan con el rito de la mutilación de la autoestima mientras imprecan que su vida sin dos kilos menos no tiene ningún sentido. Por Dios. Sin alarmas, sin sobresaltos, vamos a echar mano de alguna estadística perdida, y si no, más fácil, la fabricamos a nuestra medida, como quién va a elegir el tipo de carrocería interior del coche de ciento cincuenta caballos: oiga usted, mi mujer dice que la quiere acabada en acero y cromado para que en caso de golpe fronto-lateral, el habitáculo interior quede intacto y podamos decir, de buena nos hemos librado. Sí, hombre, una estadística como Dios manda, una caja de bombones que los sociólogos y demás personajes investigadores sacan como magos de vez en cuando sin que nadie les de permiso. Y con toda la cara te la colocan encima de la mesa para que elijas cuál es la que mejor se amolda a tu contemporáneo estilo de vida, a nuestro siempre estresante ritmo vital.

Sigo convencido, nos tienen engañados. Y estoy convencido, sí, y de manera muy firme porque ¿quién va a ser el listo que me va a negar que lo más apropiado para explicar al género humano consiste en una misa de difuntos? a ver, ¿quién me lo va a negar? ¿Qué hecho humano, qué reacción humana y racional nos va a sorprender ya? La vida nos cansa y apretarle los huevos a la vida desgasta al más pintado: trabajar todos los días las mismas horas –sólo algunos funcionarios, sólo algunos, repito, no se me vayan a enfadar, se libran en esta parcela-, confeccionar esa virguería llamada ahorro que a final de mes si se consigue, queda ridícula. Dime tú a mí, qué te dicen cuando le susurras al compañero de trabajo: nene, quince euros, dos mil quinientas pesetas he conseguido ahorrar este mes. Oye, y sin tirar de visa ni de créditos fáciles, ni de prestamistas usureros. No te creen, pero se ríen.

Engañados. Lo último ha sido el plural de vacación. Según la RAE la palabra vacaciones es fruto de nuestra ensoñación. No, no existe. Es por eso por lo que ayer le decía a Rosa lo engañaditos y bien, que nos tenían. Así comprendí también porque se acababan tan pronto las vacaciones. Usas mal el número, me dije; vacación es una y en ese uno siempre está implícita la brevedad: viene y se va, iluso.

Bernardo M. M
Publicado en diario JAÉN el 6 de septiembre de 2006

Comentarios (1)