Archivo paraJunio, 2006

Billar y carambola, Mozart.

Cuando era aún un zagal imberbe no tenía a Mozart entre mis músicos favoritos. Sí a Schubert, sí a Schumman, sí a Chopin, sí a Debussy. Es más, tenía recortados y grapados en la pared –como evidente ejemplo de chapuza preadolescente, de prezagal- a todos estos músicos. Aún recuerdo la barba cónica y cochambrosa que lucía Debussy. Pero siempre ocurre, lo que no se conoce, no se ama; es imposible. A pesar de haber cursado hasta quinto de Solfeo y cuarto de Piano en el Conservatorio situado por aquel entonces en la Calle Obispo González, lugar donde ahora recauda euros puros este Ayuntamiento saneado, yo no tenía considerado a Mozart como sublime músico. Y puede parecer un sacrilegio para un estudiante de piano: ni me sonaba. Es verdad que tenía diez, once años a lo sumo. Y puede que esta fuera una de las razones que causaron el abandono de mi mediocre carrera musical: por un lado, no conocer ni la música ni la faz de Wolfang Amadeus y por otro, la metodología que se aplicaba por aquel entonces para enseñar corcheas y fusas. Ahora, ayer, hace dos días, en La 2, cadena de televisión pública, emitieron un reportaje modelo acerca de la influencia de la música clásica en nuestras vidas y claro, Mozart comenzó la corrida y mató todos los toros. Salió en hombros. Pero estaba muerto. No su legado, no su expresión artística que pervive aún con nosotros y de qué manera. No creo que sea moda. ¿Y si lo es? Pues que de aquí a unos años, resaltarán la genialidad de Beethoven, que para mí, es superior a la de Mozart; pero de esto, que discutan los entendidos, yo me limito a escucharlos. No quiero dejar pasar en este artículo uno de los datos que expusieron. En un principio me acordé de Paul Newman y Robert Redford en la película de El Golpe pero no, volvían a hablar de Wolfang ¡Cómo jugaba al billar! Y si había algo asombroso por lo que se podían caracterizar sus composiciones era la capacidad que tenían de dominar el caos con orden y la aplicación de la lógica espacial –usada en el billar- para cada una de sus obras. A mi me costaba creer todo lo que oía pero la reflexión lo cotejaba; sí, no existía discordancia alguna que pudiese enfrentar una característica con la otra.
Y ¿Pourquoi Mozart? –como preguntarían los belgas- Porque podría haberse convertido también en estandarte del Consejo Audivisual de Andalucía en su campaña para la movilización de los medios audiovisuales a favor de la lectura y de la cultura del libro. Pero bueno, tampoco han seleccionado a Miguel de Cervantes, ni a Álvaro Pombo, ni a José Antonio Marina y menos a Martín Garzo para tal menester. Pero el asunto claro: si ya es placer terrenal –cuasi celestial- reposar y pensar mientras nos dedicamos a la leer un libro –no tiene porqué ser bueno, el caso es leer y pensar-; mientras sudamos para inculcar este neuronal hábito a todos los componentes de la quinta del botellón, ¿por qué no se ha aprovechado este affaire hacia la lectura para potenciar el descubrimiento de las mejores piezas musicales clásicas? Quizás porque desconocen que la mejor música de Freddy Mercury estaba construida sobre las más excitantes composiciones clásicas.

b. m. montero.
Publicado en Diario Jaén. 14 junio 2006

Comentarios (5)

Tirajitos, tirajitos

Siempre me acercaba a las lumbres de San Antón con la curiosidad del niño fascinado, del adolescente embelasado por el reflejo del fuego sobre el rostro moreno de los gitanos de la Magdalena. Aquélla era la noche en la que los ojos de un payo como yo se recreaban en las chispas de la hoguera del barrio donde vivía y que fugaces, escapaban hasta difuminarse entre las estrellas frías del firmamento. Mis ojos volvían siervos de algún extraño encanto a la hoguera, no sin antes recrearse en la belleza de clase, en la racial belleza de los ojos gitanos de mil gitanas que canturreaban junto al fuego. Aquellas lumbres no pueden asemejarse a las de ahora, lo siento, ni mucho menos; Jaén ahora no es así.

Jaén es otro, Jaén es una ciudad de tirajitos abandonados entre esquinas y rincones, entre calles y avenidas, entre socavones y traspiés, entre jardines y junglas, entre el desgobierno y la incuria que provoca la tibieza de este Ayuntamiento. Jaén es otro, Jaén está destartalado. A los zagales licenciados en el arte del lumbreo, se les olvidó arrastrar miles de carretones repletos de tirajitos urbanos, con kilos e ideas derrochadas y abandonadas en el papel burocrático y en el deseo que todo euro imprime a quien lo posee. Jaén no se embaldosa cada cuatro años, no, Jaén se ha de mantener día a día y fiestas de guardar; Jaén no se limpia cada cuatro años, no, Jaén se debe lavar la cara todos los días. Jaén no es una ciudad fantasma y es pertinente invertir en ella con agudeza y más inteligencia. Lástima que las ideas geniales procedan siempre de los artistas que viven en calles sin genio y no de los hombres grises que gobiernan este Ayuntamiento porque no son artistas, porque es evidente. El aburguesamiento merma lucidez y la genialidad será ente imposible. Jaén debiera ser otra pero Jaén no es otra. Jaén no tiene ojos de ramera pero vive de día y vive de noche. Jaén no lo soporta, Jaén no alienta más este debiera, Jaén no vive en el subjuntivo del deber, Jaén no es un debiera ser. Jaén vive en indicativo, en presente del indicativo y le gustaría, como a toda ciudad, presumir de historia, de calles, de gentes y que sus monumentos tengan la cama hecha para cuando llegue la noche y descansar. Un monumento sin entorno limpio y acicalado, es un montón de piedras desubicadas, que viven en la ucronía del debería pero sin deber, con los churretes negros, resecos por el paso del tiempo. Jaén, con dolor, se ha convertido en tirajito presto a ser arrojado a la próxima lumbre de San Antón.

Lumbres anuales y elecciones cada cuatro. Tapar a suertes los tirajitos de nuestras calles y conseguir que la ilusión del ciudadano se mantenga en ascuas es un arte de birlibirloque. El jiennense se rebelará antes, después o ahora. Abogo por el ahora y el cómo: que ardan los tirajitos de Jaén y se redescubra la belleza escondida de sus calles, del fuego y de la infancia.

Diario Jaén. Enero 2005
b. m. montero

Comentarios (4)

Musas, me confieso

Mi labor como articulista en este diario empezó en 1991 con un artículo sobre la nueva biblioteca de la Universidad de Jaén. Han pasado veranos. No se fíen de mi memoria porque ahora recuerdo que el tema versó sobre lo nefasto que era para el conocimiento histórico el quehacer positivista de algunos historiadores de pacotilla que sólo se dedicaban a describir las guerritas que nuestros antepasados se dispensaban y a enumerar con una simpleza pasmosa que el coronel Furriel era el que conquistó las cuatro piedras de la ciudad encantada. Si eso era quehacer histórico me bajo del tren del conocimiento científico. Aquéllos eran los historiadores que en su día bauticé como los trivialpursuitas. Aquí en Jaén hay alguno, por desgracia.

No crean ustedes que escribir un artículo de periodicidad mensual en este diario no cuesta nada. Hay que empezar con requisitos, unos mínimos preestablecidos que podrían resumirse en: tratar un tema que haya sobrevivido a la actualidad y que éste no haya sido manoseado por tres compañeros de columna en días anteriores. Quizás reste añadir un apunte más: que roce alguna esquina de la idiosincrasia de esta provincia y de su capital. Versar sin verso sobre Jaén.

El artículo queda escrito en la madrugada del lunes al martes de la semana en que es publicado. Su redacción es el mejor aliciente que tiene ese lunes y empiezo a confesarme. Porque sé que a algunos de mis lectores puede interesarles, hoy escribo acerca de esta labor. Es una forma de aproximación a tu lector. Mostrar un cacho de intimidad en este aspecto y ofrecérselo a quien te lee es también una manera de recortar la inimaginable distancia entre el texto, el lector y su autor. Y además revelo que la razón del contenido del artículo de hoy es saciar la curiosidad de algún lector amigo que no contento con dirimir el significado de algunos de mis textos, lo siento, le place además conocer los intríngulis de mi trabajo como escritor de columna periodística. Como no cuesta nada, también es gratis, tengo que desvelar que las musas que acompañan a todo escritor siempre han huido cuando me he puesto a escribir. Pienso que la razón es sencilla; nunca he creído en ellas pero hoy, me han servido como apaño y excusa. Y la razón de esta explicación cuasi-existencial se debe a que en contadas ocasiones, como la de hoy, escribir un artículo puede ser un duro trabajo, intelectual, apostillarían otros. Este lunes me ha costado sentarme delante del portátil porque no conseguía vislumbrar ni a lo lejos, el tema, ni el contenido, ni la forma, ni el qué decir, ni el cómo decirlo y he estado en coma neuronal y con aguda frustración temática. Todo momentáneo. Y escribo momentáneo porque sé que detrás del ficticio folio en blanco que te ofrece el Word está tu artículo esperando que lo descubras, lo desnudes y lo escribas. Y aquí lo tienen ustedes. Antes de dejarles les desvelo un par de secretos: mi primer lector no es tal sino que es lectora: Luisa. El segundo secreto: tendría a las musas enamoradas si en vez de un artículo mensual pudiese escribir con una periodicidad mayor. Pero no saben ustedes lo cotizado que está el Diario Jaén.

B.M.Montero.
Diario Jaén 22 de marzo de 2006

Comentarios (7)

Un blog para lo público

Pues vualá. Ya está el blog hecho. Cada día se tarda menos en hacer uno. La razón de su creación: la de ir subiendo algún texto y artículo publicado, los más, la verdad, y alguno que otro aún no publicado; también la de complacer a algún que otro lector y a alguna que otra lectora. Esta razón es preferente.
Bienvenidos.

Comentarios (1)