Club Piturda Lagarto de Jaén

Piturda. Yo iba a hablar hoy de Piturda. Prometo que iba a hablar de él antes de que lo hiciese Jesús Tíscar en Lagártica el lunes pasado. A Jesús le faltó precisar que la Guía a la que hace referencia en su artículo, carecía de una seria corrección ortotipográfica. Pero claro, cuando se trata de anunciar cultura, parece que todo vale. Y no, nenes.

Tenía el borrador en mi cabeza, anécdotas incluidas, impresiones escritas. El famoso indigente me causaba una impresión brutal. Siempre detrás de alguien, o de algún valiente recriminándole que no era ni perro ni hijo de puta o de algún cobarde. Estupefacto. Era muy pequeño y contemplar aquello determinó mi simpatía por los indigentes. En él sólo veía vida, sola pero vida, exprimida pero vida. Palomino Kaiser tiene de él un retrato de impacto, expresionista; es como si el mismo Derain hubiese resucitado para inculcarle al Kaiser los matices precisos para hacer de aquel hombre un gran hombre. Piturda quedó retratado como perfecto monumento a la soledad humana. Si yo hubiese sido el editor de esa publicación, dos sugerencias: una buena corrección ortotipográfica y el retrato que dibujó Kaiser con un buen efecto sombra a lo largo y ancho del formato. Pero claro, para eso hay que ser profesional y original. Creativo, diría yo.

Y miren que hoy iba a hablar de Piturda. Pero le han puesto un punto com postmoderno. Es la moda. Lo que no sabe nadie es que Piturda fue el que domó el Lagarto de Jaén. Y el que excavó el pasadizo subterráneo que recorre las entrañas del Jaén magdaleniense desde el castillo de Santa Catalina (otra que tal baila) al Pilar del Arrabalejo. Y el que plantó y recolectó las primeras habas con bacalao y aceite. Y el que se inventó la expresión del cuchi, nene. Y el que dijo por primera vez, ¡viva el Abuelo! Piturda redimió al jiennense. Lo castizo era hablar como Piturda y recurrir a él ahora que está bajo tierra. Por eso hoy, para pecar de chauvinismo, lo made in Jaén se retroalimenta con más made in Jaén. Lacre y sello. Un jiennense no debe morir sin antes haber honrado al Lagarto y a Piturda. Ahora temo que muchas asociaciones cambien la coletilla que le tienen asignada a la denominación por la que se ha puesto de moda: Piturda de Jaén o Asociación Cultural Piturda Lagarto de Jaén.

Acabo ya. Hoy pasaba por el Puente del Obispo y he detenido el coche para ver cómo bajaba el Guadalquivir. Mi padre me enseñó de niño, sin él saberlo, a hacer este simple gesto cada vez que cruzábamos el puente de algún río. La reducción de la marcha era tan notoria que yo me preguntaba siempre el por qué de aquella conducta. Retomo este recuerdo ahora para detenerme en ver qué iniciativas culturales se promueven en Jaén. Y si hay que tirar de Piturda para escuchar el río, acelera, nene, que no ha llovido.

Artículo pubicado el 16 de abril en Diario JAÉN

Bernardo Munuera Montero.

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Agradecido con aplauso, José Luis

 

Es miércoles santo y aviso: no voy a hablar ni de vírgenes ni de cristos. No es precepto hablar de vírgenes y cristos en miércoles santo en Jaén. No, no lo es.

Pues más medios, José Luis. Si hacen falta más medios se buscan, se compran y se pagan. Le pedimos a los alemanes que nos los inventen. Si por cebollas. ¿Qué espacio puede ocupar una cebolla más en nuestro huerto particular, en el de los cebollones que tomó heredados el actual gobierno municipal? Eso sí, arrinconad a la cebolla, que no llame la atención pero hacedla cebolla útil; encebóllense, encebóllense para que Jaén esté como una patena y rezume aire fresco.

Me asusté, me asusté en dos días diferentes: el 13 de marzo cuando leí la noticia en la página 8 de este diario y un día o dos después. Sí, me acongojé porque me sentía orgulloso de ser de Jaén: 37000 kilos de mugre, que se dice pronto y se escribe rápido, 1000 kilos de mierdas deCan –la mierda de perro no tiene otro nombre, deCan es marca no registrada-, 31 camiones de ven y vuelve otra vez, Paco, 115.000 ciudadanos –por ahí anda la cifra- a los que no se les cae la cara de vergüenza cuando arrojan a la calle o en el solar de la calle Cerón, por ejemplo, sus sobras; de cualquier tipo, de cualquier especie, huelan o hablen, cuchicheen o se pudran. Tenemos mucho valiente y desvergonzado pero sólo hay que ser guarro para cometer la fechoría o, a la luz del día o a hurtadillas, con alevosía y nocturnidad. Me acuerdo ahora del título de un relato que tengo por ahí: ¡So guarro! Para mí que creen que, como Jaén es una ciudad en pendiente, el escombro –me juego algo a que así lo creen- rueda por pura fuerza gravitatoria y potencial (acuérdense de la fórmula del mgh) solo hasta el paraje de Las Lagunillas. O al nuevo parque del Boulevard (¿francés?) si lo arrojan desde el Paseo de la Estación. Realizaré la encuesta. Quizás me sorprenda. En el estudio reflejaré el porcentaje de jiennenses que creen que sus sobras rodarán por pura energía cinética y potencial a dichos lugares. Que sí, que me sorprenderé. Presentaré el estudio al Comité de Estudios Funcionales y Útiles para Europa (CEFUE). Cuchi, igual me becan para extender el análisis a otras ciudades andaluzas. Pero hay más. Ayer me dormí contando las calles que, lumínicamente hablando, contaminan. De los escaparates encendidos a las dos de la madrugada hablaré otro día. Sí, el exceso de luz contamina. Si no lo creen, pregúntenle a mi padre que es un Perito de los de antes. Entre caña y caña a veces me bisbisea: nene, existen aparatos que reducen el consumo nocturno y que no se usan. Y apostilla: ¡en Jaén capital! Desconozco a qué concejalía le toca mover ficha pero si existe aparato gordo y caro que se compró y no se está usando, pues lo digo aquí: eso, además de contaminación rara es despilfarro malayo. Lo que más me ha alegrado de toda esta trama es la iniciativa de la concejalía: un teléfono y un correo electrónico que dejo aquí para que se use. Es gratis –por lo menos el correo-. Línea Verde han denominado el servicio para los ciudadanos: lineaverde@aytojaen.es. El teléfono, un 953219110. Desde aquí, agradecido con aplauso, José Luis.

Artículo publicado en Diario Jaén. 19 de marzo.

Bernardo Munuera Montero

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Niños con cabeza de oso

 

El dinero de los niños (los locos) de Carmen Calvo

Hoy, para escribir este artículo, he necesitado cinco ingredientes: dos cartas al director, dos intervenciones en el blog donde publico los artículos y una especie de leyenda urbana que descubrí en un libro de Nancy Mitford.

La primera carta al director fue publicada en este mismo diario. El profesor de magisterio que la escribió me reprochaba el talante con el que había tratado el informe PISA. La segunda carta, también de un profesor pero esta vez de la Universidad de la Laguna, ha sido publicada en la Revista de Libros este mes. La lectura de su título invitaba a leerla con detenimiento, lápiz y papel. Un título que sintetizaba, a mi modo de ver, gran parte del problema que no todo: “El desastroso estado de la crítica al sistema educativo español”. Los tres ingredientes restantes se los debo a dos usuarias de mi blog y a una anécdota que relata Nancy Mitford en su libro Amor en clima frío (Libros del Asteroide, 2006).

¿Dónde está la coctelera? En mi cabeza, como siempre. Agitado todo, empiezo a contar caracteres, Ana.

El informe PISA revela una conclusión hasta ahora no incluida en las valoraciones que están haciendo los expertos. Esta conclusión está agazapada en la retaguardia pero sin la cual es muy difícil analizar correctamente la desgracia que le ha caído al sistema educativo español. ¿Podemos inducir que el bajo nivel educativo de nuestros jóvenes se debe al bajo nivel educativo de sus padres, que es, según los analistas, el más bajo de Europa? Pues va a ser que sí. No hay nada más que abrir la ventana del patio y goler. Esta conclusión recarga las tintas en el nivel cultural familiar y no en el ambiente propicio que deberíamos crear para que nuestros hijos lean –sí, no le den más vueltas, con que lean se solucionaría todo-. Y la consecuencia, muy clara: con el paupérrimo nivel cultural del que algunos incluso alardean  y la mimesis que se establece entre hijos y padres, no queda más que reírse del panorama existente y que Manolito describía genialmente en una de sus tiras cómicas: “a mí qué más me da que el Everest sea navegable o no”.

Esa mimesis, ¡ay, esa mimesis!; raíz del problema. De donde no hay, no hay ni mimetismo ni pollos. Sí pollinos. La mimesis comienza en el momento en que la madre se entera de que está embarazada. Corría esa leyenda de boca en boca. Había madres que, antes de que naciesen sus bebés, miraban cuadros de Creuze –así lo contaba Nancy Mitford- para que éstos se parecieran a los guapos niños Jesús que este autor dibujaba. Pero en la aldea de las madres que miraban los cuadros del pintor nació un niño con cabeza de oso. Nueve meses antes, por lo visto, había pasado un oso bailarín por las fiestas de la aldea. La madre le preguntó entonces a una amiga suya que qué le parecía su bebé y ésta respondió que era muy comprensible porque “yo siempre he pensado que los osos son muy atractivos”, nena.

Ahora me callo. No me quedan caracteres. Se acaba el artículo y les dejo pensar en el niño con cabeza de oso. ¿Les parecería bonico parir un niño con cabeza de oso? A mí no. ¿Quién iba a despreciar el deseo de que su hijo naciese con la cara de un Niño Jesús? ¿Usted? ¡Apague y lea!

 bernardo munuera montero.

Artículo publicado en el Diario JAÉN. 20 de febrero de 2008

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La liga de los ceros

Ofrecer un dos por uno en novias por correo me parece un asunto demasiado futurista aun en época de rebajas. Lo que no se especifica es si vienen con bragas o sin ellas.  El ejemplo de anuncio lo he tomado prestado de un relato de Jeremy Robert Jonhson, La Liga de los Ceros, y me ha sobrecogido tanto que llevo unos días googleando para descubrir cómo pertenecer al club. Hasta ahora, sólo he descubierto un requisito: es necesario extraer el cerebro de la sesera para después conectarlo al cuerpo por conexión bluethooth o wi-fi. Lo que más me preocuparía sería el calentamiento que sufriría por la luz del flexo cuando me dispusiera a escribir algún relato, artículo o sandez. Él ahí, bajo mi flexo amarillo y expuesto a la caldeada brisa que el ventilador del portátil produce y mis manos, bailando sobre el teclado al son de un extraño ordeno y mando wifiano y ¿quién lo sabe?, bluethoothiano. Sería muy snob pertenecer a la Liga de los Ceros. Tú por un lado, y tu cerebro por otro, resguardado en una caja de titanio, o de platino, para los más pudientes.    

Ahora mis lectores quieren saber cómo estoy. Bien, gracias.

Rescato el relato de Jonhson, que está a disposición de todos ustedes en la revista Quimera de este mes, porque cuando lo leí, politicé su enseñanza. Bueno, yo no politicé nada, sino que me vino a la mente una burda analogía con nuestro gobierno municipal. Dos novias por el precio de una y dos partidos por el reflejo de uno. Reflejo o praxis municipal aquí son sinónimos. Pero da igual, no se preocupen por eso, ahora que escribo como si ya perteneciese a esa liga esnóbica, me siento más ligero para pensar y escribir. A lo que iba, dos partidos y dos formas de gobernar: una misma praxis.

Ya han transcurrido siete meses desde que el PSOE e IU accedieron al gobierno de esta ciudad empinada y yo, que soy un ciudadano de a pie, que baja y sube cuestas, que suda la camiseta, tanto o más que el Pizarro, está más asustado que un zagal en la cueva de los cocos. Aquélla vez voté a un partido que no me dio tiempo a registrar. Una lástima porque hubiesen hablado de Jaén en toda España como ejemplo de ciudad a seguir, como ejemplo de municipalismo ejercido para y por el ciudadano de las camisetas sudadas.

Seré ciego y puede que también me hayan extraído el cerebro, pero como autor de este artículo denuncio: ¿dónde está el cambio en Jaén? Misma mierda en la calle, misma abulia, misma deserción en los barrios periféricos, mismos abandonos de parques y toboganes, cuidos que sólo se dispensan en lugares Very Important Person; misma falta de visión… y ¡sin árboles con la que está cayendo! Eso sí, macetones de olivo para el Teatro de la niña Leonor. Tema para otro artículo: olivos para teatros de infantas republicanas. Y qué me dicen del plantel de concejales, gerentes y directores de olivos que nos han autoimpuesto, incluidos los del PP. Me grapo laña a laña mi boca y me callo, y no pregunto, y me hago cero. Yo, que pertenezco a la Liga de los Ceros.

 Diario Jaén, 23 de enero de 2008.

 

 

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Y PISA nos pisó fuerte

Y tres. Con este artículo cierro la trilogía. Con él prometo no hablar durante algún tiempo ni de libros ni de animación a la lectura. Ya está bien, Sr. Munuera, ya está bien. Eso sí, ahora advierto: desde las altas esferas de esta Europa nuestra nos han llamado de todo menos bonicos. Y miren que no puedo aquí, en este medio, hacer uso del lenguaje procaz con el que de vez en cuando caracterizo mis escritos que sino… Aunque ya lo saben, ser procaz es como jugar con fuegos artificiales. Se ven y desaparecen en un santiamén; el ejemplo, esto: noshanllamadogilipollas y aquí no ha protestado ni Dios. Porque es verdad. Porque después del informe PISA, sólo nos queda llorar. Porque después de abrirlo por la página ¿ciento treinta y cuatro?, sólo nos queda seguir llorando. Porque después de leer el capítulo donde no se nos llama bonicos uno se convence de que en España ni Dios lee. Y nos lo tienen que decir con un informe. Y claro, si ni Dios lee, nosotros ¿qué vamos a comprender? Y si nosotros no leemos, ¿va a leer un zagal de 12 años que lo único que le interesa es sacarse la pelusilla del ombligo mientras le abre la cabeza al soldado del ejército enemigo en el videojuego “cómete los sesos”? o, ¿va a leer el zagal cuando su memoria está más que saturada con los nombres de los jugadores de la liga española, del Calcio, de la Premier y de la liga de fútbol que se organiza en el  campillo donde va un día sí y otro también a jugar al “furbol”? ¿O va leer un zagal, o zagala narcotizada por los cincuenta bodrios televisivos que emiten semanalmente? Y si no lee el zagal, qué pollas va a comprender –como se diría en este rapituso Jaén-. ¿Qué solución nos queda? ¿Le cambiamos los padres al zagal? ¿Echamos al paro el ejército regular de holgazanes que hay en la enseñanza? ¿Cambiamos por decimonovena vez las leyes de educación? ¿Regalamos el viaje en autobús urbano al que suba con un libro? ¿Instituimos el día del cipote cultural? ¿Abrimos una librería junto a cada bar? ¿Le pedimos a la policía local que multe al que no se sepa la lista de los libros más vendidos de carrerilla? ¿Molemos a palos al que no se exprese con corrección? ¿Hacemos santo al lector diario? o le decimos que no malgaste el tiempo encadenando palabras. Y porque no hemos analizado los resultados de la prueba nacional que le hacen a nuestros alumnos detenidamente porque, en esta Andalucía del progreso –es un empeño erre que erre eso de la Andalucía del progreso-, somos también los últimos. Y parece que nos gusta porque no protesta, otra vez, lo siento, ¡ni Dios!

 

Y ahora la Navidad, dulce Navidad. Por eso gastamos más, porque no leemos; por eso nos atiborramos hasta…, porque no leemos; por eso los pobres de solemnidad, inmigrantes incluidos, -¿o son extranjeros?- sufren más: porque no leemos.  Mantecado y tocho best-seller bajo el brazo. Uso del libro como producto de consumo, no de alimento neuronal, virgencita, virgencita, que me quede como estoy. ¿Dónde hay que firmar?

Otro mes os cuento, otro mes os hablo de otro informe del Gremio de Editores de España y lo cruzo, para creérmelo, con el del Instituto Nacional de Estadística. Ahí “sus” vais a asustar, de verdad. Pero otro mes, otro, otro mes.

 

Bernardo Munuera Montero

blumm217@yahoo.es

Publicado el miércoles 26 de diciembre de 2007 en Diario JAÉN

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Mary Poppins vuelve a Jaén

Y se acerca la Navidad. Ya, tan pronto, tan tempranera entre tanto artefacto que pende de un hilo que echa chispas, entre tanta luz dispuesta a iluminar de nuevo, en otro final de año, nuestras ilusiones, sólo al final del año. Todo ornamentado; hasta el suelo que vamos a pisar durante estos días le han puesto lucecitas. Un objetivo, una meta: alimentar nuestros deseos y disfrutar de la gran parafernalia en la que se ha convertido la Navidad. Esos días romanticones que nos esperan vienen siempre acompañados de aquellos otros días de tu infancia más lejana; que si divisabas mil veces al día a Mary Poppins sentada sobre un paraguas y bajando de los cielos como la paloma del Espíritu Santo; que si en esas noches infantiles en las que tu mayor ilusión antes de cerrar los ojos era arrastrar un libro a tu regazo y quedarte dormido con él entre las manos. Aquella débil luz de flexo de plata, aquellos títulos que no olvidarás nunca: Los viajes de Gulliver, Los cinco, La historia interminable, Momo y sus hombres grises, las Fábulas de Samaniego, Las aventuras de los cinco, la Lolita de Nabokov –entre las sábanas y oculta como un tesoro-, Taras Bulba, Miguel Strogoff, Roberto Alcázar, Rompetechos, Mortadelo y Filemón, Superman. Sin pelusilla aún bajo el vientre, las navidades eran sobre todas las cosas, con mantecados y sin ellos, unas navidades donde la lectura era un verdadero refugio a la vorágine del comer, del beber, del comprar y del vagar.  

Pero uno crece y ahora, en esta época sólo resta tirar de ingeniería contable para echar cuentas y cuadrar el mes. Menos mal que a mitad de mes te encuentras esa taleguilla con la paga de Navidad. Qué gozo y qué alboroto, por Dios y por la Virgen. Pero ni con paga: que si medio sueldo para comilonas y regalos, que si el otro medio para las rebajas, que si un duro para nada.

Sigo con la costumbre, sí; y recapitulo. Si hay una época del año donde más lea, ésa es Navidad. Ya ven ustedes, continúo en este artículo el tema del anterior, hoy también, puesto que estoy embarcado en mi particular campaña a favor de la lectura. Gratis, sí, leer es gratis. Algunos dirán que soy de los que pretendo que se lea desde que el espermatozoide engancha al óvulo por banda, ¿verdad? No, no es esa mi intención. Este artículo en sus orígenes lo había pergeñado para destrozar de una vez por todas al libro denominado best-seller pero mi Pepito Grillo, mi conciencia de editor primerizo me ha contenido. El best-seller es un signo de nuestro tiempo. Eso está claro, vamos, es asunto de rango fetén. El best-seller entretiene, duerme, narcotiza, empalaga, derrite, me duerme. El best-seller es como la molturación de la Literatura. El best-seller o la consideración del libro como objeto de consumo, como un producto más de consumo –como decía el otro día Antonio, mi asesor literario-, como zapato de temporada, como braga de noche de bodas, como plato de cocina de diseño, como conjunto de papeles de pasta dura con función decorativa junto a la chaiselong de vanguardia del salón verde-fucsia que hemos adquirido. Lo confieso, he de hacerlo, por mi conciencia y por mis principios: atento contra el libro comercial que vende por el simple hecho, por el simplicísimo hecho de que entretiene. Soy más de long-seller, de libros a los que hay que quitarles el polvo en las librerías, de libros como el que hoy he rescatado de Metrópolis: Roma de Gógol, editorial Minúscula. Me he pasado de caracteres en este artículo, corto, cambio. Siempre queda el continuará: continuará.

 Bernardo Munuera Montero. blumm217@yahoo.es

Artículo publicado el 28 de noviembre en DIARIO JAÉN.

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So muerto

Apollos de Maggy Milner

No hay tormenta de fondo, sólo en vuestra imaginación.

La noche mecida, quieta dos segundos. Grito desgarrado, ¿lo escuchas?

La noche habitaba la esquela que tu corazón había consentido. El entierro fue sanguinolento porque aun en estado cadavérico, podías comunicarte conmigo. Las palabras que te dirigí estaban vivas, savia viva que resucita a mequetrefes como tú, so muerto, y te inundé el corazón. Y siempre estás sordo durante el día. Muere con el día y vive en la noche porque tu naturaleza es esa y tus gritos sordos a cientos de tímpanos. Mírate al espejo desde la palabra antes escrita. ¿Cuál? Lee desde “las palabras” y contemplarás un hermoso espejo que divide este texto en un tú y en un yo, en un muerto y un vivo muerto. Estoy desayunando y leo en el periódico tu esquela y la mía. Deja, hoy invita mi sombra a este café solo y negro como tus entrañas. No tienes espalda, y sólo quería saludarte. Tu sombra te sustituye, entelequia.

® Bernardo Munuera Montero. Fragmento de Anotaciones

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