Retomando la lectura de este blog

Posteado en Reflexión sobre Enero 14, 2009 por bernard louis

Hoy pasaba de largo por una población cercana a Jaén, Bailén, donde existen muchas fábricas de cerámica y de tejas. Conducía y pensaba. Pensaba más que conducía.Tantas tejas como libros, pensaba. Y metía sexta. Mi coche tiene sexta. Me gusta meter la sexta para seguir pensando con tranquilidad. Me decía cuántas tejas destinadas a cubrir los techos de los edificios que están construyendo y que se van a construir. Tantas como libros hay editados en España, en Europa, quizás en el mundo, pensaba mi pensamiento. A los libros se les podría asociar algunas de las cualidades de las tejas. Los libros cubren de alguna manera también. ¿Qué cubre un libro? El libro cubre una desnudez, una vergüenza, una parte de nuestra ignorancia. Un laguna, un vacío. Suple, la lectura sacia esa sed extraña y suple. La lectura de un libro que te han recomendado puede ser el mejor remedio para combatir el pudor existencial. ¿Pudor existencial? Sí, pudor existencial. La gente exhibe su existencia y sus miserias sin advertir que a los demás nos molesta su falta de pudor. su falta de pudor existencial. Yo pienso que la gente deberia leer más para uno, tener conciencia de su idiotez y dos, para respetar a los demás. No tengo por qué verle los huevos a nadie así como tampoco tengo por qué tragar con la estulticia del que no sabe porque no quiere. Yo me estoy hartando de soportar al que no sabe. Era una bienaventuraza, creo, eso de enseñar al que no sabe. Yo enseño con gusto al que no sabe pero me repugna enseñar al que no quiere. Nadie tiene excusa. Los libros están ahí porque las bibliotecas públicas están abiertas ahora doce horas al día. Por lo menos aquí, en la ciudad en la que leo. La cerveza también está ahí pero no viene a cuento de nada. También está el cipote del cipote del presentador del último programa que tiene enganchado a la mitad de la población de España. Y la cipota de la cipota de la presentadora. Me desvío y me callo, joder.

Moja tinta y mancha un blog

Posteado en Artículos sobre Septiembre 2, 2008 por bernard louis

Soy un bloguero, un empedernido creador de blogs. Ser bloguero y ser creador de blogs te desteta muy rápido del cuarto poder. El Estado no lo suele recomendar pero que zurzan al Estado. ¿No está ya licuado? ¿No fuma usted? Además, crear blogs trae dos consecuencias, que por evidentes, resulta vergonzoso exponerlas: te haces lector de blogs y escribes blogs. Inciso: si la unidad es el libro de trescientas páginas, servidor tiene sin editar cuatro libros compuestos de entradas a blogs. Algún día me atreveré a editarlos y me haré famoso. Ahora sólo soy un escritor de blogs que alampa crear otro a la vuelta de la esquina. El último lo creé hace dos días. Al anterior lo llamé Tricentésimo. Es el que hace el número trescientos; ahora, sobre la escena suenan los tacones de la señorita Hipérbole. Hoy lleva pantys. Hipérbole como nombre sería también un título original de blog. Sólo es una sugerencia. El anterior blog a Tricentésimo lo titulé Desóxido y lo subtitulé con una frase modificada de Stanislav Lem que extraje de su libro El Castillo alto (Funambulista, 2006): no sólo las bellotas, las ciruelas también ocupan un lugar importante en mi vida mental. Lem decía otra cosa, Lem escribía que las bellotas ocupaban un lugar importante en su vida mental. Puro parafraseo. Yo no soy Lem, yo sólo soy un escritor de blogs y de relatos y de artículos. También de cartas. Sí, sigo escribiendo cartas manuscritas con plumas de tinta negra. Las entradas que se escriben y componen un blog se asemejan a las cartas postales que uno escribía cuando no existía Internet. Como no existe destinatario conocido, en los blogs se hallan las cartas más originales que uno puede llegar a leer. El blog estimula a desconectar de la asfixiante realidad en la que nos han sumergido. El blog es la página de un libro, el fragmento de una vida, una opinión. Sería interesante que todo el mundo tuviese un blog. Soy fiel a unos cuantos. Las personas mejoran cuando escriben. No está demostrado. ¡Escribid, malditos, escribid vuestros retazos de realidad, de ficción y de vida! -diría ahora un Antonin Artaud o un personaje de Beckett o ¿por qué no de Jarry? También lo diría un editor con batea en mano y fiebre alta de oro.

Acabo. Reservo este párrafo para hablar de la crisis. Si no hablas hoy de crisis no existes. En los blogs también se habla de crisis. Buscas la opinión que te hace levitar y te la crees; y entras en éxtasis. El fenómeno también se conoce como comerle la oreja a…, oído incluido. El otro día me convenció lo que leí en el blog del escritor Montero Glez, autor de libro Manteca Colorá –el libro más robado de la historia-. El blog lleva por título La trinchera cósmica y tiene una entrada titulada “A eso del mediodía me arrojaron del camión del heno” en la que leí con regusto lo siguiente: cuando el capitalismo hace sus digestiones, al pueblo no le queda otra que pagar el banquete y oler los cuescos. La crisis la paga el pueblo pues para eso el pueblo compra el dinero a tan alto precio en las sucursales bancarias. Hay blogs que dicen las verdades en la cara. Créense un blog, háganme caso, antes de que se vaya la luz.  

 

Bernardo Munuera Montero

Artículo publicado el 3 de septiembre en el Diario JAÉN

La ñ sí está fresquita

Posteado en Artículos sobre Agosto 5, 2008 por bernard louis

Estoy de vacaciones, como media España. Les cuento. Hay algo que pienso con frecuencia y es lo dichosos que seríamos los españoles si nos redujeran las horas semanales de trabajo. El español tendría oportunidad de reconstruir sus ilusiones y recuperaría la confianza en su futuro más inmediato. No, no se trata de algo surrealista. Trabajaríamos más contentos y disfrutaríamos en la vida de las cosas que verdaderamente nos importan. Pero como ni soy ministro de Economía ni me llama la atención aspirar a serlo, pienso que es preferible ahora, cambiar de tema. Antes, una puntualización. No estamos en crisis. Eso es una falaz invención. Estamos en apuros, en serios apuros. La culpa no la tiene la crisis sino la hipercrisis. Crisis, ¿qué crisis?

Estoy de vacaciones y no quería hablar de crisis. Ha sido un punto de contemporaneidad que le he dado al artículo. El mundo ya sabe que España está en crisis, mi sobrina sabe que estamos en apuros y mi suegra también -ha cambiado tres veces de calculadora-. Todos sabemos que estamos en crisis. Vale, ya está. Dejemos que el tema fluya y se desparrame. Traía en mente otro asunto y aunque nadie lea este artículo hoy, porque estamos en crisis y estamos de vacaciones, sólo iba a recomendar qué se puede hacer en agosto en Jaén estando en crisis. Pero ojo, ni voy a enumerar las actividades que tiene el Ayuntamiento programadas para sus ciudadanos, ni les voy a recomendar que se dirijan a la Oficina de Turismo para que allí les recomienden por dónde han de pasear a su sombra. Hablando de Roma, señores poderosos, la Oficina de Turismo hay que buscarle otro lugar. La ubicación es pésima, el local por fuera está mugriento, eso sí, reconozco que dentro hace un fresquito que… Lo único para lo que sirve la Oficina de Turismo es para ligar con la chica que informa: “lo siento, señores turistas, el lagarto de Jaén está retozando bajo un olivo virgen extra. No se le puede molestar. Vuélvanse ustedes a la Catedral, que está más fresquita”. Y tan pancha.

Dejo la crisis y dejo de entrometerme en asuntos que me incumben como ciudadano que soy. Quería hablar desde un principio en este artículo de la Biblioteca Provincial. Quería hablar de su letra ñ de casi tres metros con la que han decorado la entrada. Estoy de vacaciones, por si aún no les ha quedado claro y reconozco que disfruto, en mi tiempo de ocio y ocio, con la visita a la Biblioteca Provincial.Tengo que reconocer que como jiennense me enorgullezco de la Biblioteca que nos han colocado ahí, con toda su letra ñ y todos sus fondos. Ya reformada. Era hora. Es además un lugar donde ahora, en vacaciones, puedo ir con mi hija de 4 años a disfrutar de la sala a la que yo iba cuando tenía seis, siete años. Qué nostalgia. Y durante horas, y fresquito, y saboreando la umbría de esa sala, la infantil. Por mi trabajo la frecuento durante todo el año pero es ahora cuando verdaderamente la disfruto. Es más, me gusta hacer proselitismo y son tres los familiares que han solicitado el carnet de préstamo que les va a posibilitar en agosto, en Jaén y en crisis redescubrir el fasciante mundo del libro y la cultura audiovisual. ¿A qué esperan? No cierran, están de nueve a nueve.

Bernardo Munuera Montero.

Artículo publicado el 6 de agosto en Diario JAÉN.

La sombra de la desidia, alargada

Posteado en Artículos sobre Julio 9, 2008 por bernard louis

Ahora que uno va pegado a las fachadas lo único que procura es que su sombra no se proyecte ni por delante ni por detrás. Mi sombra está domesticada y conoce bien y cien caminos de vuelta. Se vuelve muda, se acobarda y soy el único que le da vela en los entierros. Cuando protesta y quiere resurgir le digo que lleva razón pero le sugiero que se calle, que oscura como es y plana como parece lo mejor que puede hacer es seguir obediente, callada y sumisa. Pero estas cualidades harían de ella una sombra ideal y no lo es, para qué engañarles. Mi sombra no está del todo domesticada y cuando la saco a pasear le dan como ramalazos. Empieza a bandear de un extremo a otro de la calle como si fuese una sombra epiléptica a la que le da un extraño in promptu.

Existen itinerarios en Jaén que es mejor evitar porque la desmelenan. Mi sombra siempre ha sido una sombra exquisita y se ha negado, desde que nació, a ir solapada a fachadas donde las disonancias de estructura, color e ingenio son tan estridentes que la fuerzan a cruzar de acera para convencerme a mí también de que sus aspavientos no son candongas. Viene a decirme que llevarla por ahí es entraparla y resignarla a la pringue espiritual. Las sombras en verano, también tienen alma.

Y mi sombra lleva razón. Esta sombra que hoy personifico lleva mucha razón. Entre cientos de ejemplos sólo algunos muy cercanos al Ayuntamiento. Unos soportales, los de la calle Campanas, deslustrados, porque alguien permite que nuevos negocios decoren su fachada con un gusto chino chillón, donde el amarillo fosforescente no va a suplir ni la falta de peculio del jiennense medio ni el ingreso de más clientes al negocio. Otra moda que mi sombra se afana en mostrarme ha sido el revoltijo de letreros: que si metracrilato barato sin luces de neón mezclado en altura y continuidad con escudos heráldicos centenarios, que si pantallas luminosas partidas con fluorescentes vistos y fundidos –la moda-; que si promiscuidad entre estilos, el renacentista y el del arte pop; que si graffiti rupestre, en definitiva, cacofonías visuales; qué digo, estridencias visuales para una ciudad que aspira a que su Catedral sea patrimonio de 6.500 millones de personas. Qué tontería, de verdad.

Y mi sombra pregunta: ¿quién regula en esta santa ciudad el ordenamiento de fachadas, letreros y colorines? ¿El concejal de cultura, el de urbanismo, el de la línea verde? Yo quiero que alguien me responda, por favor, por el bienestar de mi sombra.

Sigamos cerca, muy cerca del Ayuntamiento. No hay nada más que ver qué aspecto tiene la oficina de turismo de Jaén. Qué poderío de fachada, comida siempre de porquería, qué luz irradia desde el interior que parece que en vez de vender turismo están vendiendo sardinas; qué traslúcidos sus cristales, qué orgullosa opacidad. Cuántos pequeños detalles son los que deshacen la imagen de una ciudad. Hoy la sombra que muestra Jaén es la sombra de lo que puede ser y no quiere, o no se gestiona de manera adecuada para que sea. Jaén es un subjuntivo de ciudad. Para cuándo ese Jaén que hoy no es.

Se calla mi sombra pero demando respuesta. Tengo derecho, tenemos. Quiero que Jaén sea lo que quiero que sea. La sombra de la desidia es alargada, como la de un ciprés al revés.

Bernardo Luis Munuera Montero

Publicado el 9 de julio en Diario JAÉN.

Papás olivos procrean erosión (qué título más raro)

Posteado en Artículos sobre Junio 21, 2008 por bernard louis

No sé qué pensaran ustedes de la propaganda. Se me encasquilló el concepto en tercero de carrera -¿o fue en cuarto, Salvador?- mientras mis compañeros y yo desentrañábamos los fundamentos de los fascismos y desde entonces, no he conseguido tiznar el concepto con otro color. La propaganda es el hilo con el que cose sus mensajes el tufo fascista. Suena anacrónico, ¿verdad? No se escandalicen. Las formas de convencer que se usan en la actualidad, es bueno de vez en cuando llamarlas por su nombre.

Ahora, y porque estamos en Jaén, deberían escandalizarse la mitad menos uno de los intelectuales que se beben diariamente -antes de desayunar- tres vasitos de aceite de oliva Virgen Extra al cubo. Pero yo prosigo tranquilo; no soy ningún intelectual.

Bien, establecida, hecha y pertrecha la relación entre propaganda y fascismo, ahora no me queda más remedio que confesar que la propaganda me cae mal. Era evidente. Tan mal que me cuesta soportarla, tan mal que me provoca retorcijones agudos y dolorosos en el estómago, tan mal porque es la herramienta más sibilina que se ha inventado para tener a media humanidad engañada y a medio Jaén embelesado. A pesar de tener un origen tan rancio y poco agraciado, hoy se sigue empleando a tutti plein, sin cortapisas, sin miedo y con dos cojones, como diría el humorista. Pero hay más: la propaganda partía de una premisa arriesgada y era la que supone considerar al ciudadano como un individuo romo, memo, bobo y obtuso. El caso es que a veces lo consigue y por lo tanto infiero, -es obligado inferir, deducir y suponer- que existen ciudadanos que son o romos, o memos, o bobos u obtusos por mucho o muchísimo aceite de oliva que viertan a sus ensaladas mediterráneas. Todo a la vez no, por favor, que no progresamos.

Escrito todo lo anterior no me siento con fuerzas para proseguir pero les cuento, así, para rellenar espacio si quieren, la chuminada -que no es tal- que ha originado que hoy hable de propaganda. Como ciudadano de Jaén, estoy soberanamente harto -de manera procaz no me dejan expresarlo- de que la imagen de esta provincia se identifique constantemente con una industria que si bien, llevan ustedes razón, lleva siglos desarrollándose, está impidiendo, desde mi punto de vista de intelectual degradado, a que surjan otras con más desarrollo y proyección en el futuro que la aceitera. La propaganda que sobre el hueso de aceituna se lleva a cabo en nuestras ciudades es algo que ralla ya la cordura. Algo que desborda los límites de la racionalidad y no queda más remedio que mostrarse empachado, como harto del hartazgo de lo santo y virgen extra que es el árbol de hoja lanceolada El hastío me inunda. No lo soporto más. Ni Jaén es una aceituna hembra que vende sus servicios al mejor tomate de ensalada, ni del aceite de oliva purísimo se saca el jamón de bellota. Mientras, otros proyectos quedan abortados porque todo el oro de verdad, los euritos -no nos engañemos, vamos a entendernos-, se destinan casi en exclusividad a acicalar aceitunas y cómo no, papás olivos y papás de erosión, paridores y sufridos.

Me bajo del olivo, bueno, me bajé del olivo tiempo ha. Y así me va.

Publidado el 20 de junio en Diario JAÉN.

Raro es editar, más, leer

Posteado en Artículos sobre Mayo 15, 2008 por bernard louis

A muchos de mis lectores no les gustará el artículo que voy a escribir hoy, no por nada, sino porque no leen libros. Les aviso para que se ahorren un par de minutos y los inviertan en ver quién se ha muerto hoy y quién se ha lastimado un tobillo en el Osasuna.

Vuelvo a hablar de libros y esta vez de edición, de edición independiente. Cuando me refiero a editoriales como Pepitas de Calabaza, Hijos del Hule, Melusina. Periférica, Sexto Piso, Raro, El olivo azul, Funanbulista, Libros del Asteroide, Minúscula, Nórdica, Alba, Trama, Candaya, Xordica, Mono Azul e Impedimenta, la gente con la que estoy se le suelen marcan las cejas porque mueven las orejas y fruncen el ceño y pasan a establecerse en cuerpo y alma en una actitud rara, como alelada.

Hace dos días asistí en el multicolor Casino de Artesanos de la capital a la presentación del último título editado por Ediciones Raro, editorial independiente radicada en Jaén y a cuya editora, Rakel Rodríguez, aún no conocía. Deseaba hacerlo porque en estos momentos también estoy enfrascado en asuntos de edición, de edición independiente y ya me hubiese gustado cambiar dos, tres, quinientas impresiones sobre el oficio de editor. Rakel, me la debes.

Mientras escuchaba a los participantes de la presentación del libro Retazos de Jaén (Ediciones RaRo, 2008 ) me preguntaba qué causa hay en que una chica como Rakel se lance a contactar con autores, revisar originales, buscar formatos, manejar tipos de papel, pelearse con el de la imprenta, buscar diseñadores, maquetadotes, ilustradores en la selva en la que se ha convertido el mundo del libro. Hoy graniza y ventisca para editoriales como las que cito más arriba, no porque las grandes puedan con ellas sino porque los lectores son arrastrados por la ola mediática hacia el abismo de la zafiedad. Vila-Matas, autor del que me he leído casi todo lo que tiene editado, dice que la mejor literatura que puede encontrarse hoy en lengua castellana está en otro continente, en el sudamericano, y en otras editoriales, en las alternativas. Pero no sólo eso, las mejores traducciones también están ahí, el mejor quehacer editorial también está ahí, la excelencia en el oficio de la edición está hoy por hoy, se pongan como se pongan las grandes editoriales en las pequeñas y diminutas orfebrerías del libro. Editoriales pequeñas, independientes y que cuidan con suma meticulosidad cualquier labor de edición. Y encima, no son libros caros.

Creo que es el momento de que usted como lector y yo como opinante nos planteemos abrir el abanico editorial para redescubrir en muchos casos esas otras joyas literarias que están agazapadas en la edición independiente. Sólo nos bastará tener el suficiente arrojo para vencer mil trescientas inercias: inercia a no buscar qué queremos leer, inercia a comprar lo que otros nos dicen, inercia a la vagancia de abrir y leer un libro que nos llene, inercia a morir, a morirse sin leer, por ejemplo, alguno de los libros que se editan de manera independiente en nuestra tierra. Ediciones RaRo es un ejemplo. Sé que existen más porque no sólo de olivo y aceite virgen extra al cubo vive el jiennense sino de todo lo que lee y busca para leer.

Bernardo Munuera Montero.

Artículo publicado el 15 de mayo en el Diario JAÉN.

blumm217@gmail.com

Club Piturda Lagarto de Jaén

Posteado en Artículos sobre Abril 16, 2008 por bernard louis

Piturda. Yo iba a hablar hoy de Piturda. Prometo que iba a hablar de él antes de que lo hiciese Jesús Tíscar en Lagártica el lunes pasado. A Jesús le faltó precisar que la Guía a la que hace referencia en su artículo, carecía de una seria corrección ortotipográfica. Pero claro, cuando se trata de anunciar cultura, parece que todo vale. Y no, nenes.

Tenía el borrador en mi cabeza, anécdotas incluidas, impresiones escritas. El famoso indigente me causaba una impresión brutal. Siempre detrás de alguien, o de algún valiente recriminándole que no era ni perro ni hijo de puta o de algún cobarde. Estupefacto. Era muy pequeño y contemplar aquello determinó mi simpatía por los indigentes. En él sólo veía vida, sola pero vida, exprimida pero vida. Palomino Kaiser tiene de él un retrato de impacto, expresionista; es como si el mismo Derain hubiese resucitado para inculcarle al Kaiser los matices precisos para hacer de aquel hombre un gran hombre. Piturda quedó retratado como perfecto monumento a la soledad humana. Si yo hubiese sido el editor de esa publicación, dos sugerencias: una buena corrección ortotipográfica y el retrato que dibujó Kaiser con un buen efecto sombra a lo largo y ancho del formato. Pero claro, para eso hay que ser profesional y original. Creativo, diría yo.

Y miren que hoy iba a hablar de Piturda. Pero le han puesto un punto com postmoderno. Es la moda. Lo que no sabe nadie es que Piturda fue el que domó el Lagarto de Jaén. Y el que excavó el pasadizo subterráneo que recorre las entrañas del Jaén magdaleniense desde el castillo de Santa Catalina (otra que tal baila) al Pilar del Arrabalejo. Y el que plantó y recolectó las primeras habas con bacalao y aceite. Y el que se inventó la expresión del cuchi, nene. Y el que dijo por primera vez, ¡viva el Abuelo! Piturda redimió al jiennense. Lo castizo era hablar como Piturda y recurrir a él ahora que está bajo tierra. Por eso hoy, para pecar de chauvinismo, lo made in Jaén se retroalimenta con más made in Jaén. Lacre y sello. Un jiennense no debe morir sin antes haber honrado al Lagarto y a Piturda. Ahora temo que muchas asociaciones cambien la coletilla que le tienen asignada a la denominación por la que se ha puesto de moda: Piturda de Jaén o Asociación Cultural Piturda Lagarto de Jaén.

Acabo ya. Hoy pasaba por el Puente del Obispo y he detenido el coche para ver cómo bajaba el Guadalquivir. Mi padre me enseñó de niño, sin él saberlo, a hacer este simple gesto cada vez que cruzábamos el puente de algún río. La reducción de la marcha era tan notoria que yo me preguntaba siempre el por qué de aquella conducta. Retomo este recuerdo ahora para detenerme en ver qué iniciativas culturales se promueven en Jaén. Y si hay que tirar de Piturda para escuchar el río, acelera, nene, que no ha llovido.

Artículo pubicado el 16 de abril en Diario JAÉN

Bernardo Munuera Montero.