bernard louis

A propósito de Sinclair

In Sinclair Lewis on Agosto 19, 2009 at 22:17


El día 18 de agosto recibí el siguiente correo electrónico:


Hola,

a propósito de tu post -interesante blog-: debido a tu verdadero interés, te puedo adelantar que tenemos pensado preparar una edición y traducción inédita de Lewis. Esperemos que para el otoño esté listo.

Un saludo.
J.


J. me ha alegrado el día porque tengo verdadero interés en leer toda la obra de Sinclair Lewis, que ni es negro ni es tan mediocre como le definieron los que odiaban profetas en la tierra de su cortijo. Además -creo que lo he dicho también en pasiva- fue el primer Premio Nobel de Literatura americano que regurgitó el postín que imprimía el premio en el discurso de entrega.

Imagen de Cristian Barnes. Espera.
Hoy, 20 de agosto, San Bernardo ab. y dr.


El incendio milenarista

In Delhoysie, Estados Unidos, General Motors, Jarry, Julián Lacalle, Lapierre, Milenarismo, Pepitas de Calabaza on Agosto 10, 2009 at 00:17


Los libros de Pepitas de calabaza suelo leerlos en vacaciones y en Navidad. Así, por lo menos, les compro y les leo dos libros al año. Estas editoriales interesan. Que vivan, ya sobreviven. Olé. He escrito por lo menos porque al año supero ese número. Les leo más de dos títulos al año. Casi todos, reseñados aquí. Es verdad. Creedme. Me interesa su catálogo. Lo descubrí hace tres años mientras buscaba autores patafísicos en la red, como Alfred Jarry. Desde entonces, quedé sujeto al quehacer pepitero. La patafísica es como el bourbon. Se ha de saborear. Ahora cuento cuántas pepitas de calabaza tengo aún que pelar. Me embelesa la forma en que Julián Lacalle edita.

Empezó en 1999 -de esa fecha es su primer título- y desde hace tres años fisgoneo su web (¿para cuándo los títulos del catálogo asociados a una dirección URL?). Pepitas es una de las pocas editoriales independientes que sigo muy de cerca porque, la verdad, no suelo seguirlas. Busco a los autores, no a las editoriales. Pero desde entonces, pelo pepitas. Admiro por eso a Julián Lacalle, lo admiro por los libros que edita. Le he escrito varios mails y este post lo tendrá en su bandeja de entrada en cuánto termine de corregirlo, así es Google Alerts.
Jaén es pequeño, pero los libros de Pepitas pueden encontrarse en una librería que sirve sus novedades casi al instante: Librería Cruz, en la plaza del Pósito. Escribo esto para que todos los lectores de Jaén sepan que cambiar la orientación de sus lecturas trae gratas consecuencias. Más en verano.
Este post tuvo un origen: ayer terminé El incencio milenarista (Pepitas de calabaza, 2008) de Yves Delhoyse y Georges Lapierre. 391 páginas con sorpresa final: qué magnífico épílogo. Hasta hoy nunca me había convencido tanto un epílogo como el que escriben Delhoyse y Lapierre sobre los movimientos milenaristas, sobre el cristianismo, el marxismo, los dioses y el dinero, la Edad Media, el fundamentalismo cristiano y sobre esa máxima buena y rotunda: “Lo que es bueno para la General Motors es bueno para Estados Unidos”. Participan también en la partida el judaísmo y el Estado “mierda” que ideó Hegel, el Dinero -con mayúsculas- y Dios (ambos empiezan por D). O dios -con minúsculas-.
Compré el libro en noviembre del año pasado y hasta la fecha no había encontrado el momento para leerlo. Lo compré porque me apasiona la Edad Media y siento cierta curiosidad intelectual por las cientos de sectas y movimientos que surgieron después del nacimiento primitivo cristianismo. Pero el libro me deparaba una sorpresa: también trataba el milenarismo en el nordeste de Brasil y en la Melanesia a finales del siglo XIX.
El incendio milenarista es un libro entretenido, plagado de datos y anécdotas. Se habla de la propiedad privada y de las uñas que le arrancaron a un sacerdote que iba a Roma. Y del trípode al rojo vivo que le pusieron a un gentilhombre escocés en la cabeza antes de matarlo. ¡Salvajes! ¡Pobres! También de Marx y de Hegel, del cristianismo y del judaísmo, de la banda de la Selva Negra -muy distinta a la banda de los cinco- y de los Hermanos y Hermanas del Libre Espíritu; de Jean de Brün y de los papúes.
Recomiendo la lectura de El incendio milenarista para degustar a dos manos el placer intelectual. También para los eruditos. Y cómo no, para el que quiera escribir un relato, cuento o novela sobre la vida del escocés que murió con un trípode al rojo vivo sobre la cabeza. Aunque no sólo de ficción vive el hombre, sino de todo relato de lo sucedido y acaecido allende los mares y aquí al lado.
Imagen de Coco Cano. Fuego.

El miedo americano a la literatura

In Pavese, Sinclair Lewis, Whitman on Agosto 9, 2009 at 00:17

(Lo que aquí ha quedado escrito no se parece ni por asomo a lo que primero fue; ¿Qué fue primero, el libro o la escritura? Es la pregunta más fácil que me han hecho hoy).

Todo está editado. Lo necesario está editado, lo que las hormigas del hormiguero demandan está editado. Tú lees algo que otros con más criterio que tú han editado. ¡Y una mierda! -¿son necesarios los paréntesis?- Se lee lo que otros editan. Aquí está la idea, el ascua, la piedra, el tropezón, la caída, el grito de dolor. ¡Ay!: lo editado.


Después, ayer fue, vas y lo terminas, ¿qué?: El bello verano, de Pavese (Cátedra, 20033) ; ahora que es verano y este ha de abastecerte de belleza, comparas aquellos con estos y te dices: “Estos veranos no son como los veranos de mi infancia”. Los tiempos como eran, ya ni son. El bello verano es un libro que lees mientras tus hijos, durante dos horas y siete minutos, permanecen sobre alguna sombra de agosto tragándose la siesta como postre del almuerzo de chiringo. Aquí, en Andalucía. Aquí, los beranos son tan bellos que deberían escribirse con b.

Sigues de vacaciones y te atreves con los prólogos de los libros que lees. La edición de Cátedra es de Manuel Carrera y nos presenta a un Pavese nada rarefacto -la palabra la usa él, ¡y yo!-; a un Pavese muy influido por dos escritores: Whitman y Sinclair Lewis. Ahora te reto: Sinclair Lewis, ¿era negro o blanco?

¡Blanco!, a pesar de tener un nombre de cantante motown. Por él abrí un documento en Google Docs (la nube) para escribir este post y hablar de él y de su blancura literaria y editorial. De Sinclair Lewis, Premio Nobel de Literatura en 1930 por su obra Esto no puede pasar aquí, no hay casi nada editado en España. Sinclair, suele suceder, don´t worry! .

En España, muchos editores se creen más listos que Pulgarcito y por eso te dicen que se merecen el honor y la gloria de los héroes porque sus artefactos y empresas editoriales vehiculan cultura. Pero ojo, vehicular cultura no es hacer como el aspersor de un jardín. Eso es asperger cultura, bribones.

Ayer conseguía uno de los dos títulos que tiene Sinclair Lewis editados en España: Babbitt (Cátedra, 1985). Buscando en la red, conté muchos títulos de Sinclair Lewis que aún permanecen “inéditos” en España. Me interesa Sinclair Lewis porque interesó e influenció a Pavese, y Pavese que es italiano, que es latino y que se suicidó como… es un gran escritor del que me atrae “su deseo de reducir a claridad lo indistinto e irracional que se oculta en el fondo de la conciencia”.

Si fuese editor, Sinclair Lewis estaría en mi catálogo. (Yo iba a crear la milésima editorial de España pero…) Contar con el primer autor americano que recibió el Premio Nobel de Literatura es una garantía, más si inyectas al asunto y al halo del personaje todas las antipatías que se granjeó cuando lo recibió. Por eso, con cierto descaro, Lewis tituló su discurso para la academia: El miedo americano a la literatura, que tampoco sé dónde está editado.

Editores, ¿vais a editar a Sinclair Lewis? ¡Avisadme, por favor!

(En serio: blumm217@gmail.com)

Nota 1, a 18 de agosto de 2009. San Alberto Hurtado y San Agapito Cabrón, San Serapión y San Polieno, el del heno.

Acabo de recibir un mail en el que un ¿editor? me asegura que en septiembre habrá novedades editoriales de Sinclair Lewis. ¡Viva! (Qué olfato editor tengo, joder)
Imagen de Mark Spain. Carta de amor.